FRANCISCO LEANDRO
FRANCISCO LEANDRO

“Si te paras, si dejas de caminar se te desacomoda la ampolla y estás en peligro de que se reviente, si esto sucede arde como si te quemaras”.

Es lo más doloroso que aprendí en el transcurso de mi caminata hacia el altar de San Judas Tadeo.

Hay veces que te hace falta creer en algo para poder seguir, y te encomiendas al patrono de las causas difíciles, por invitación de alguien que se ha dado cuenta de que no crees ni en ti.

Le dije a mi amigo ateo que me acercara a la carretera porque iba a caminar y pedir para que mis problemas de entonces se solucionaran, algunos graves, por cierto.

Me aventuré, vi muchas caras llenas de esperanza y fe, en un ambiente de camaradería. Chicos, grandes, sanos, enfermos, ricos y pobres, gente descalza y gente con zapatos de moda, se encaminaban hacia un lugar para pedir o agradecer los favores al santo, primo de Jesucristo, que, por cierto, leí que eran muy parecidos y por eso el Mesías le tenía gran estima.

Como inexperto y con una vida no muy enfocada en la actividad física, conseguí reventar mis pies, di lo mejor de mí.

Un camino largo, oscuro y solitario me ayudó a creer en mí esa noche.

Las ganas de llegar por una coca cola y cumplir con mi reto, me hicieron llegar a un pueblo lleno de alegría, fiesta, “cuetes”, comida y color verde por todos lados.

Creo que es lo importante de estas cosas, convivir con gente que cree en algo y valora lo que tiene.

Lo que cuento pasó hace años, de momento no creo en nada, aunque lo volvería a hacer, por el hecho de saber que mis pies reventados valdrán la pena por algo, y ver tanta gente sin miedo y con muchas ganas de que las cosas cambien, tal vez en el lugar no correcto, o tal vez sí.


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