ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

Ayer por la tarde-noche, luego de cerrar el periodo para recibir las boletas de votación de los docentes en el plebiscito convocado para decidir si el Sindicato de Personal Académico (SPAUAZ) se iría a la huelga, el resultado no pudo haber sido más cardiaco: 878 por el SÍ contra 889 por el NO. Finalmente la huelga quedó fuera de consideración y la universidad deberá seguir funcionando de manera normal

Bueno, eso de “normal” todavía está por verse, luego de las declaraciones que ofrecieron, ayer mismo por la mañana, el gobernador Alejandro Tello Cristerna y el secretario de Finanzas Jorge Miranda Castro, que en pocas palabras se puede resumir en una de las frases del mandatario: hay que hacer “sacrificio financiero”.

Y se refirió a lo que la federación ha pedido de la UAZ, tanto en el recorte del rubro de servicios personales (donde entran sueldos y salarios, por ejemplo), como en la “revisión” de más de mil plazas que se otorgaron a los llamados “asistentes académicos”, presuntos puestos para docentes… que no dan clases. O bueno, así lo dijeron ayer.

Como quiera que sea, para muchos es simple interpretar que estas declaraciones que llaman a hacer “sacrificios” signifiquen, básicamente, recortes. ¿En la plantilla de personal? ¿En las cantidades que se les paga a los docentes? ¿Se trataría también de recortes de trabajadores que no son profesores? ¿Se recortarán privilegios o beneficios que actualmente reciben muchos universitarios, y que supuestamente se han asignado a lo largo de los años de manera un tanto arbitraria? Hay muchas preguntas por responder por parte de las autoridades universitarias.

Ahora sí que el rector Antonio Guzmán Fernández tendrá que cachar, como pueda, ese trompo que la federación, por conducto del gobernador en este caso, le aventó: reordenar su estructura para buscar el saneamiento financiero y salir del hoyo en que está metida desde hace años, como lo confirman muchos de los propios universitarios que conocen el teje-y-maneje de las contrataciones de personal y de los arreglos entre los grupos de poder que la componen.

El llamado al sacrificio –se supone– no será en vano, pues a cambio se esperaría que la federación se encargue de apoyar a dicho saneamiento en cuanto vea esa muestra de voluntad de la administración en la máxima casa de estudios. Y por supuesto, también tendría que responder el propio gobierno estatal ante la misma situación.

Por lo pronto, ayer el gobernador y el tesorero estatal dejaron claro que la universidad ha recibido lo que pidió; que se le ha entregado lo que los diputados aprobaron en el presupuesto; que se ha cumplido con las aportaciones en tiempo y forma… pero que la UAZ parece un barril sin fondo al que hay que estar taponando cada que hace agua.

La negativa de los docentes a estallar una huelga, pues, puede ser interpretada como una muestra de “buena voluntad” de seguir trabajando a pesar de la crisis por la que atraviesan, y quizá demuestre también esas ganas de cambiar el rumbo que llevan para buscar nuevas vías de solución. Sí, pero ¿hasta dónde llegará su voluntad a la hora de los sacrificios que exige el gobierno?

No hay que olvidar que uno de los mayores empleadores del estado es, precisamente, la universidad. No hay que olvidar que uno de los mayores sectores que impulsan la economía –al menos en la capital y algunos municipios– es el de los jóvenes estudiantes y los profesores universitarios. ¿Hasta dónde el sacrificio que tiene que hacer la UAZ impactará a estos factores que mueven en buena medida a la entidad?

Sin duda el panorama es de retos, de oportunidades de crecimiento y de modernización, aunque para ello también se presente ante el rector y el consejo universitario la encrucijada de decidir cuánto y hasta dónde habrá que hacerle recortes al estatus actual de muchos de sus trabajadores y docentes… y de la propia administración central. Se requerirá madurez y visión para tomar esa decisión. Veremos…


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