ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

Tres semanas han pasado ya desde que una bala perdida le arrebató la vida, arteramente, al joven Froy Iram Ortiz Hernández. En estas tres semanas, los miembros de su familia, así como amigos y conocidos, se han dado a la tarea de iniciar la creación de una asociación civil que lleva el nombre del joven, y que durante varios fines de semana han marchado por las calles de la capital para exigir justicia y el retorno de la paz a nuestra entidad.

A lo largo de este tiempo, las marchas que se realizan cada fin de semana han venido incrementando en número de participantes, y a ellas se suman cada vez más personas que quizá no conocieron ni a Froy Iram, ni a sus padres, ni eran compañeros de escuela, sino gente de la sociedad civil que, por pura empatía, se decide a externar públicamente su rechazo a la violencia desatada en Zacatecas, y que cada día cobra vidas –inocentes o no– y deja familias desgarradas por el dolor.

Esa empatía para con quienes se decidieron a organizarse formalmente y marchar con la exigencia y el dolor a cuestas, nace de la percepción común no sólo de que la violencia nos ha alcanzado inexorablemente desde hace años, sino también de la otra percepción de que los gobiernos hacen poco –o nada– para contenerla, y se contentan con llenarse la boca de discursos almibarados y “esperanzadores” que no acaban por convencer a nadie.

Por eso es todavía más grave que, luego de ver estas manifestaciones de repudio tanto a la violencia como a la aparente apatía gubernamental, la secretaria general de gobierno salga ahora a decir que estas marchas están “politizadas”, queriendo adjudicarles un carácter quizá electorero o quizá manipulado por la “oposición”. Ese señalamiento ha demostrado una tremenda falta de sensibilidad para el dolor ajeno ante la pérdida de un ser querido que, sin deberla ni temerla, ha sido asesinado.

Grave por demás es, también, que la declaración venga de quien se supone debería ser uno de los principales puntos de contacto entre las organizaciones civiles (y las políticas también) y el gobierno, como lo es la secretaria general Fabiola Torres. Y más allá de que sus declaraciones pudieran considerarse como un “desliz” o un error discursivo, por el contrario son tomadas como insultos –con sobrada razón– por parte de los dolientes que se manifiestan.

El manejo de la política interior, como se ha visto, está muy lejos de ser conciliador para con la sociedad, sea o no afín al gobierno o al partido político del que proviene. Antes bien, pareciera que se basa en la descalificación a priori de las intenciones de quienes manifiestan su inconformidad o su disenso. Y ese manejo no puede llevar a buen puerto ni el trabajo del gobierno, ni la relación del gobernante con el pueblo. Al revés, lo enemista con quienes votaron por él, y peor aún con quienes no lo eligieron, generándole un ambiente de animadversión exacerbado.

Y por si fuera poco, son los propios familiares del joven asesinado quienes, con dolor, señalan que ningún funcionario del gobierno estatal los ha buscado ni los ha atendido durante las marchas, lo que les deja además un terrible sentimiento de abandono, de apatía y desinterés.

Ante este panorama, no es de extrañar que cada vez más grupos de la sociedad civil decidan, por sí mismos, organizarse para buscar alternativas de apoyo entre ciudadanos, de auxilio entre vecinos, porque las instancias oficiales parecen hacer oídos sordos ante los reclamos sociales. En otras palabras, pareciera como si las actitudes del gobierno que denotan olvido y separación, provocaran en los ciudadanos el mismo efecto pero en sentido contrario: la gente se organiza, se cuida, se informa y se apoya entre todos… y deja a un lado al gobierno, que les ha abandonado. Con ese sentimiento creciendo ente la población, la próxima elección se antoja difícil no sólo para el partido en el poder, sino para todos los partidos.


Nuestros lectores comentan

  1. Es evidente la falta de sensibilidad que demuestran. Y que evidentemente no conoce el significado de la palabra política,ni servicio, ni gente. La muerte es lo único seguro que tenemos todos,pero parece que nuestros verdugos son inmortales,ojala y lo sean ellos y todas sus familias,porque cuando les toque la otra cara de la moneda. No se si hablaran de la misma forma!