ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

El video de un asesinato más. Ocurrido esta vez frente a medio mundo en medio de un campo de fútbol en El Mineral fresnillense, se difundió como pólvora durante la tarde de ayer domingo. Obviamente cada vez es más gente la que utiliza su teléfono celular para grabar todo tipo de eventos, deportivos, religiosos o familiares, y este partido no fue la excepción… sólo que ahora quedó registrado cómo dos sujetos le dispararon, prácticamente a quemarropa, a uno de los asistentes.

En el video se puede apreciar cómo, en medio de una aparente trifulca suscitada dentro del partido, de pronto dos jóvenes (se ven jóvenes) agreden a balazos a un tercero, quien queda tirado en el piso de tierra mientras sus agresores se van tranquilamente caminando del lugar. Luego, según testigos, hubo quien se llevó al herido a un hospital en Fresnillo y finalmente murió ahí mientras recibía atención médica. Para él, ya nada se pudo hacer.

¿Y qué se podrá hacer por las decenas de niños que ayer mismo, en ese mismo campo de futbol, fueron testigos de cómo lo baleaban y, a fin de cuentas, le quitaban la vida a esa persona? ¿Qué se podrá hacer por las familias enteras que fueron víctimas visuales de esta violencia desatada ayer a plena luz del día? ¿Tendrán alguna repercusión psicológica o… oya de plano estarán acostumbrados a ver cómo matan a una persona frente a ellos?

Definitivamente ni la autoridad ni la sociedad se pueden quedar con los brazos cruzados. Y ahora, nos enteramos también de que a través del Programa de Estudios e Intervención para el Desarrollo Alternativo (PEIDA), la Universidad Autónoma de Zacatecas pretende atender a jóvenes de entre 19 y 29 años (como los que atacaron a la otra persona en el campo de fútbol en Fresnillo), mediante brigadas de jóvenes que actuarán como “activadores sociales”. Ojalá no sea –lo digo de verdad–un riesgo para estos jóvenes universitarios, en lugar de un apoyo para sus pares que están en alguna condición de pobreza o necesidad.

El programa que pretende involucrar a los chavos de la UAZ como “concienciadores” de otros jóvenes, parece en teoría una muy buena intención que, lamentablemente, también peligra por la crisis financiera de la universidad, pero al mismo tiempo creo que también debe ponerse mucha atención en que no tenga el efecto contrario al buscado.

Según los estudios universitarios, hay más de 130 mil jóvenes que estarían en riesgo de caer en las garras del crimen organizado o la delincuencia común, debido a las precarias condiciones de vida que tienen en muchas comunidades de nuestro vasto territorio. Y por ahora, apenas se puede atender a 3 de los 58 municipios de la entidad. ¿Cómo le harán estos chavos universitarios para ir, con cierto grado de militancia juvenil y una buena dosis de preparación –académica, psicológica, ideológica– a convencer a otros chavos como ellos de que no se involucren en actividades delictivas? ¿Y qué harán cuando –como lamentablemente sucede en la realidad– se encuentren con chavos que ya están metidos de lleno en dichas actividades? Una de las carencias más significativas que han desnudado analistas y estudiosos de nuestro tiempo, es la falta de ideología de los jóvenes… ojalá para ellos haya algo qué hacer todavía.

Con todo y lo aparentemente bondadoso, ético y moral de este programa universitario, sigue sin cuadrarme la otra parte de la ecuación delineada por el gobernador Alejandro Tello, cuando dijo que sociedad y gobierno deben ser corresponsables a la hora de participar en la lucha contra la violencia y la inseguridad. Aquí veo una participación social universitaria… ¿y el gobierno, dónde queda?

Me sigue faltando evidencia más contundente de que se está dando una lucha frontal contra la delincuencia, y no sólo de que la casualidad, el azar o los errores le regalan uno que otro resultado a las instancias de seguridad estatales, ya sea en aseguramientos o detenciones… ¿Algo se puede hacer?


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