RAFAEL CALZADA VÁZQUEZ
RAFAEL CALZADA VÁZQUEZ

Cuando reflexionamos al respecto de la promoción de Zacatecas como ciudad educadora, es normal que pensemos en todo lo que se ha hecho bien.

En la gente sobresaliente aún en las circunstancias más difíciles. Especialmente en el arte y la cultura.

En Zacatecas, apenas han despuntado algunos pétalos de la floreciente academia del bel canto –y de la ejecución de instrumentos musicales– que la UAZ, (esa vilipendiada, denostada e incomprendida institución) está generando y que son producto de los grandes maestros de canto en nuestra entidad, el Maestro Luis Félix Serrano, el Maestro Héctor Mora, la Maestra Ninón Lima, a quienes se agregan los Maestros José Manuel Delgadillo, Solanye Caignet, y Sarah Ortiz.

Uno de los grandes cantantes en la república mexicana lo es (con cincuenta años de ejercicio profesional en el arte) el bajo HÉCTOR MORA DE LIRA. Para orgullo nuestro, zacatecano de origen, de arraigo y de vocación.

El Maestro Héctor, cantante de ópera, ha cantado en los mejores escenarios de nuestro país, y sólo el gran arraigo en Zacatecas y la dedicación y amor a su familia, impidieron que fuera un astro del firmamento de Milán, Sidney o Nueva York. Difícilmente se puede encontrar en el mundo de la música un bajo natural profundo, con el vibrato, la técnica, la modulación, la afinación, el volumen, la cuadratura y la calidad artística de este hombre sobresaliente, la mayoría son bajos barítonos.

En México además existen sólo unos cuantos cantantes de este registro y esta tesitura.

Además generoso maestro, en sus diferentes generaciones de cantantes que han sido sus alumnos en la ahora Unidad Académica de Arte, de nuestra alma mater. Tiene por tanto una gran trayectoria como pedagogo y cantante.

Ha brillado interpretando especialmente personajes de bajo, como los de la música preclásica, entre los que sobresalen  “Nell cor piu non mi sento”, de G. Paisello; que ni Ezio Pinza ni  Tito Gobbi, lograron mejor;“Gefrorne Trânen”, mejor logrado que Kurt Alois Kind y que ni el mismo Hermann Prey, a la altura de Dietrich Fischer-Dieskau; sings de F. Schubert; o “La calumnia”, aria del barbero de Sevilla, G. Rossini, que ha hecho brillar a cantantes como Christian Mantilla, o Tancredi Pasero.

Hoy a cincuenta años de ejercicio artístico, bien merece no sólo que se reconozca, si no que se le homenaje por su talento, su trayectoria  y su generosidad. Es una vida ejemplar que ilumina el camino de las nuevas generaciones de cantantes, hombres y mujeres que más temprano que tarde, habrán de dar mucho de qué hablar positivamente de Zacatecas, ya que están iniciando carreras muy prometedoras en esta sublime actividad humana. Inspiradas en personas como el maestro Mora.

Gran jefe de familia, ciudadano pleno, maestro, artista, cantante único.

Es necesario también que la sociedad reconozca y agradezca a quienes han abierto camino en el arte y en la cultura, hoy refiriéndome al Maestro Mora, sin que sea óbice para reconocer pintores, escultores, actores, cantantes incluso arquitectos y constructores. Ellos, en parte, son esperanza de recuperar la tranquilidad de Zacatecas.

Espero que el Gobierno del Estado, El Ayuntamiento capitalino, el Instituto Zacatecano de Cultura y la Unidad Académica de Música, de la UAZ, cuando menos, promuevan un festival cultural con la presencia de operas, cantantes y música que lleve su nombre, que le organicen un homenaje a la altura y que le generen condiciones de vida dignas.  Su canto sublima la humanidad. Son notas que besan el alma. Su aportación es enorme. A qué esperar. Es de gente bien nacida agradecer y reconocer.

*El autor es abogado, maestro en ciencias, estudiante y académico.


Nuestros lectores comentan

  1. Ma. Noelda Mariano Magaña

    Apoyo total la iniciativa de reconocer la carrera del Maestro Mora, pero además creo que se debe dar más apoyo a artistas Zacatecanos de teatro, bel canto, etc, como es el Maestro Humberto De Haro de la Ciudadela del Arte, en vez de traer artistas de fuera, que además nos cuesta más, económicamente hablando.

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