FRANCISCO LEANDRO
FRANCISCO LEANDRO

Prácticamente toda la vida he convivido con aficionados al futbol, amigos y familiares que hacían el Camp Nou o el Estadio Azteca en el mismísimo llano.

Como sabemos la mayoría, el futbol es todo un ritual para el que lo practica como para el espectador. Diversión, pasión, orgullo, solidaridad y cervezas son los elementos clave para pasar 90 minutos o poquito más esperando los goles y la gloria.

No sé, pero jamás imaginé a un hombre disparando a otro durante el festejo de un partido ganado; la tarde de este domingo, algo, poquito de no sé, esperanza, puedo llamarle, se rompió al ver un video de un asesinato.

Creo que México ha roto las barreras de la ficción, asesinatos en templos religiosos, en hospitales, y en canchas de futbol.

¡Carajo! Están matando en los lugares en los que la mayoría luchamos por sentirnos vivos.

Decían en las películas de matones italianos que hasta para matar hay que tener reglas.

¡Ja! Acá no hay reglas para nada, es más, ya ni las hacen.

Estamos en guerra, señores, y algunos no quieren verlo.

Se perdió el respeto por lugares y situaciones que servían de paliativo para la cada vez más golpeada, amedrentada, pobre, trastornada, desesperanzada y maleducada sociedad mexicana.

Si me matan, ojalá sea de una forma no tan extraordinaria, que no esté rondando en la cabeza el: ¡Ah, cabrón! ¿Cómo fue? ¿Así? Los cuestionamientos traen una y otra vez el recuerdo mordaz de saber que esto está valiendo purititita chingada.


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