FRANCISCO LEANDRO
FRANCISCO LEANDRO

Estábamos varios amigos un sábado en la noche, ya sabes, lo de siempre: cervezas, cigarros, música y una charla interminable en la que cada uno da su punto de vista sobre cómo diablos cambiar al mundo, mismo que ni siquiera hemos logrado entender.

Bueno, pues llegó otro de ellos, acompañado por un conocido, ahora amigo, quien empezó a tocar el tema del uso la mariguana.

Entre que es mejor plantar la propia y que no hay que consumirla para no abonar al narco, yo observaba cómo él, sin voltear siquiera, preparaba el Hitter, es decir, llenaba de la hierba este artefacto que sirve para consumirla.

Mientras que rolaba el artefacto, y cada uno de los asistentes daba su “visto bueno” para la hierba, el entusiasta proveedor del ‘extremo relajante’ no despegaba la mirada de las manos de cada uno de los compañeros soñadores.

Despertó mi curiosidad la forma en la que el dueño cuidaba tanto de la “pipa”, como también es conocida, y le pregunté en tono de broma si desconfiaba de los amigos “rockeros, conocedores y expertos en varios temas” (Jaja. Así se sienten mis amigos, perdón) para lo que contestó que era muy valioso para él, lo tomó, le dio vuelta y me mostró dos iniciales, parecían grabadas con algún tipo de esmeril.

Me contó que estuvo enamorado profundamente de una mujer, a la que él mismo llamó “el amor de mi vida”, y que compartían el gusto por el consumo del cannabis, ella, en un gesto de amor y unión, le regaló el tubito, como de aluminio, con una tapa enroscable y las letras A y M marcadas.

Dijo que en una de esas noches, en las que prefería olvidar, reír a carcajadas y después cenar desmesuradamente, lo perdió, no supo dónde y lo buscó por todas partes, con conocidos y amigos, y por posibles rumbos donde pudiera estar rodando este objeto, que tenía tantos recuerdos convertidos en cenizas.

Al borde del llanto recordó una fiesta en otro estado, en el que, “ya sabes, entre locos nos juntamos”, mencionó, allá también roló la hierba y al momento de llegar el tubito despintado a sus manos se percató de las iniciales grabadas con esmeril.

“No sé si es el mío, sería demasiada coincidencia, como lo fue encontrarla a ella y después perderla”.


Los comentarios están cerrados.