ARMANDO FUENTES
ARMANDO FUENTES

Doña Saturna, así llamada porque tenía muchos anillos, asistió al banquete del Congreso Nacional de Avicultores. Le preguntó a su vecino de asiento: “¿Cuál es su actividad?”. Respondió el interrogado: “Vendo huevos”. “Ha de tener usted poco trabajo –comentó doña Saturna–. En toda mi vida no he visto a ningún hombre que los lleve vendados”. Rosilita, la pequeña amiga de Pepito, lloraba desconsoladamente. “¿Por qué lloras?” –le preguntó el chiquillo. Contestó Rosilita entre sus lágrimas: “Mi mamá no quiere que Santo Clos me traiga un perrito”. Le sugirió Pepito: “Pídele a tu mamá que entonces ella te traiga un hermanito, y ya verás qué lindo perrito te traerá Santo Clos”. Don Martiriano, el sufrido esposo de doña Jodoncia, llamó por teléfono a un cirujano maxilofacial. Le dijo: “Mi esposa se fracturó la mandíbula inferior, y no puede hablar. Me pide que le saque una cita con usted”.  Respondió el facultativo: “Deberá ser el próximo año. Todo este mes lo tengo ya ocupado”. “Muy bien –aceptó don Martiriano–. ¿Podría darle la cita en diciembre del 2018?”. Florilina, muchacha de buena sociedad, se casó contra la voluntad de sus padres con un tipo apellidado Pitorrón, sujeto desconocido sin oficio conocido. La noche de las bodas el sabidor galán le hizo a su flamante mujercita un trabajo de calidad suprema. “¡Caramba! –exclamó la desposada con una gran sonrisa –. ¡Y dicen mis papás que eres un bueno para nada!”. En Coahuila llega hoy Miguel Riquelme a gobernar una casa dividida y asolada. Asolada por la enorme deuda que el moreirato deja; dividida por el despotismo que el Gobernador saliente ejerció en la parte final de su sexenio. Tareas urgentes aguardan al nuevo gobernante. La primera será romper el vínculo que lo une con quien lo antecedió en el cargo, aun cuando ese cargo se lo deba a él. No necesita ir lejos para encontrar ejemplo: también el que hoy se va le dio la espalda a aquél que le heredó su puesto. Si Riquelme quiere gobernar deberá demostrar que él es el Gobernador, y no un instrumento en manos de quien hizo y deshizo para dejar en su lugar a un incondicional que lo favoreciera. Por ningún motivo el que llega ha de parecer continuador de un régimen que los coahuilenses quieren ya dejar en el pasado. Por fortuna el nuevo gobernador está dando ya señales de que no está dispuesto a dejarse manejar. Los ciudadanos han visto eso, y lo comentan bien. Riquelme habrá de restañar las heridas que causaron los excesos autoritarios del que sale y los agravios que infirió incluso a sus propios compañeros de partido. Los elogios que hace días prodigó a Moreira el Presidente Peña –en esta ocasión muy despistado– no corresponden a la opinión que la inmensa mayoría de los coahuilenses tienen del elogiado. Aunque en efecto hubo avances en el renglón de la seguridad y de la educación –lo del empleo es mayormente obra de los particulares– el que a partir de hoy será ex Gobernador se va sin que lo acompañe el reconocimiento de sus conciudadanos, y menos aún su afecto. Pienso que Miguel Riquelme viene decidido a hacer un buen gobierno. Tienen que quedar atrás los resquemores dejados por una campaña política ríspida y fuertemente cuestionada. Es hora ya de que Coahuila vuelva a la unidad y la concordia. No se han de repetir las ilegalidades, corrupciones y abusos de poder que hemos visto. Por encima de toda diferencia y todo partidarismo la ciudadanía debe dar a Riquelme la oportunidad de demostrar que viene a trabajar por Coahuila y por los coahuilenses. Sólo con el apoyo de todos podrá dar rumbo bueno a esta nueva etapa en la vida del Estado. Que sea para bien. FIN.


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