MIRIAM SERRANO, SILVIA ALVARADO Y GUILLERMINA MIRANDA/NTRZACATECAS.COM
MIRIAM SERRANO, SILVIA ALVARADO Y GUILLERMINA MIRANDA/NTRZACATECAS.COM

Zacatecas.– El robo de mujeres prevalece como uso y costumbre en las comunidades del territorio estatal, luego de que el delito de rapto fue derogado del Código Penal del Estado de Zacatecas el 1 de junio de 2016 por la LXI (61) Legislatura.

Las mujeres todavía son robadas para contraer matrimonio incluso contra su voluntad. Si un varón quiere casarse con una joven, pero ella no le corresponde, aún se cree que se tiene el derecho de “tomarla”, incluso si es menor de edad. Muchas veces, esta práctica se ejecuta con ayuda de cómplices.

Hay quienes elaboran todo un plan. Los métodos pueden ser variados: a caballo, en vehículo o a pie. Antes, esto sucedía cuando la víctima salía de su domicilio, ya fuera para ir al río a lavar, a misa o a algún otro mandado, entonces se aprovechaba que estaba sola para llevársela.

Una vez que lograban la odisea, la mujer era “depositada” en casa de los padres de él o con algún otro familiar, con la intención de echar a andar los preparativos para el matrimonio. Las raptadas podrían tener o no relación con el raptor, pues también se registran robos de mujeres que sólo les gustaban, pero no eran sus parejas.

La víctima rara vez oponía resistencia. Una vez que era raptada, sólo obedecía porque ya no se consideraba que fuera digna de aspirar a tener una vida con otro hombre. Ella se sentía impura y, muchas veces, sus padres le hacían ver que había manchado el honor de la familia, aunque no hubiese consentido el acto.

También existen los casos de las mujeres que tienen novio y ya no pueden esperar para tener una vida juntos. Por ello, en contubernio con el varón, aceptan el rapto pero, en este caso, con conocimiento de causa.

 

Delito derogado

De acuerdo con el abogado especialista en derecho penal, Álvaro Ávila Fonseca, el robo de mujeres es común, pero no puede tipificarse como delito debido a que éste se derogó en el código penal.

El artículo 268 del código penal del estado lo definía como: “al que sustrajere o retuviere a una mujer por medio de la violencia física o moral o del engaño para satisfacer algún deseo erótico o para casarse, se le aplicará de seis meses a seis años de prisión y multa de 5 a 30 cuotas”.

Ávila Fonseca advirtió que el rapto no puede encuadrarse en el delito de secuestro, pues en el artículo en ningún momento no se habla del rapto o de un secuestro con la finalidad de contraer matrimonio, por tanto, se pierde esta figura en la ley.

Esto significa que se presenta una laguna y ello deriva en la indefensión de las víctimas directas e indirectas, pues no se permite que la autoridad sancione ciertas conductas que pudieran ser delictivas.

El especialista en derecho penal refirió un caso que se registró en una comunidad de Zacatecas, donde un sujeto se llevó a una joven de 15 años con engaños, misma que no tiene aún la condición de ejercer su voluntad porque es menor de edad. Este hecho encuadraría en rapto.

“La realidad es que Legislatura no investiga, reforma sin conocimiento de causa, a su libre albedrío; las reformas deben hacerse estudiando, investigando, revisando, con estadísticas y consultas”, advirtió.

Ávila Fonseca consideró desafortunado que la legislación a veces obedezca a suposiciones, como en este caso, sin preguntarse cuántas mujeres dieron su voluntad y están aún casadas con un sujeto con el cual no querían casarse.

 

Sin estadísticas

Hoy en día, no se tienen estadísticas específicas sobre esta práctica. Aunque existen algunas denuncias antes de la reforma de 2016, muy pocas lograron una sanción contra el raptor.

Actualmente, hay mujeres en una vida que no decidieron, que comparten su día a día con alguien a quien no escogieron para casarse, pues ellas fueron elegidas y la única decisión que asumieron fue la de aceptar su realidad y seguir adelante.

Hay matrimonios de más de 50 años que se consumaron con la práctica del rapto, pero nunca se les preguntó a esas mujeres si ésa es la vida que desearon vivir. Existen quienes desde el inicio planearon, junto con su novio, este tipo de robo para lograr casarse contra de la voluntad de los padres.

 

Vida robada

María, originaria de la comunidad Lo de Luna, Jerez, estaba en el campo sacando aguamiel cuando llegó Nicolás, quien la estiró de las trenzas y la subió a su caballo, tras lanzar una piedra como señal para que salieran otros cinco acompañantes que aguardaban escondidos para ayudar a subirla.

Ella ponía resistencia pues Nicolás no era su novio ni estaba enamorada de él, pero no logró bajarse, así que fue llevada con una hermana del hombre, quien la albergó por unos días.

Aunque luego su familia le decía que podía regresar a su casa, decidió, como muchas otras mujeres, no hacerlo porque creía que había perdido el honor y que nadie la querría.

En sus 60 años de matrimonio, María y Nicolás se caracterizaron por ser una pareja con respeto mutuo; tenían incluso detalles románticos. Procrearon 14 hijos de los que sobreviven 12 y a quienes les inculcaron principios y valores para que fuesen personas de bien.

Otro caso es el de Patrocinio, quien en su juventud iba a ranchos vecinos a los bailes junto con sus hermanas, hasta que una noche, un hombre que no tenía relación con ella se la llevó a su casa. Luego ya no regresó a su hogar, pues era algo vergonzoso y sería señalada por todos los habitantes.

Algunas víctimas prefirieron omitir su nombre, debido a que aún cargan con el estigma de esta práctica. La mayoría de los casos obedecieron a impulsos de los varones. En la comunidad El Salitral, Tepetongo, una mujer terminó con su novio quien, indignado, en un acto de despecho, fue a robarse a la novia de su amigo.

El sujeto encerró a la víctima en un cuarto en el que estuvo dos días; cuando ella logró salir, sus padres le dijeron que podía regresar a casa. Sin embargo, la mujer se negó porque después de lo sucedido creía que no encontraría pareja, “aún y cuando el varón la respetó antes de casarse”.

Después de décadas de vivir juntos y de seis hijos, ella se lamenta todavía por no haber aceptado la ayuda de sus padres.

 

Cómplices

La intención de Ramiro, a sus 16 años, es formar una familia con Karina, de 17. El único impedimento son los padres de Karina, quienes en repetidas ocasiones les han pedido cuidarse “y no traer una criatura al mundo nada más a sufrir”.

Karina decidió abandonar sus estudios, ya que lo que menos quiere es que sus papás la busquen en la escuela porque decidió escapar con Ramiro.

“Él quiere que nos casemos, para ahora sí decirles a mis papás que estamos juntos y no nos podemos separar, porque también queremos tener un bebé”.

Ramiro explicó cómo decidió vivir con Karina y alejarla de sus papás. “Es que haga de cuenta que hay una tía de ella que sí nos quiere y nos prestó una casita para que me la trajera, sin que supieran sus papás y de eso tiene poquito”.

Sin embargo, con una enorme carcajada, Ramiro aseguró que él no se la robó: “si yo hubiera querido, me la llevo lejos y ni a su tía le aviso… para que nadie sepa”.

La opinión de la tía es que pasó lo contrario. Ella asegura que el joven sí se raptó a su sobrina. “Hay unos muchachos que las embarazan y ya no las quieren y prefieren regresarlas con sus papás. Por lo menos Ramiro se la robó decentemente”, aclaró, aliviada.

En la actualidad, Ramiro se dedica a trabajar en el campo y también es albañil. Karina se ha vuelto un ama de casa y se ocupa en limpiar las pocas pertenencias que tienen. “Lo más seguro es que mis papás estén enojados con nosotros, por eso ya quiero hacerlos abuelos para que nos contentemos”, dijo ella.

A Karina le gustaría ser psicóloga, mientras que Ramiro sueña con ser abogado.


Nuestros lectores comentan

  1. Bueno,es que en Zacatecas senos bien machos y presumimos mucho de respetar a las mujeres, siempre y cuando hagan lo que los hombres quieren. Esa costumbrista de rancho chico , del rapto a mujeres , es poco frecuente pero se sigue dando ,vergonzosamente, en Zacatecas , con el gusto y colaboración de las HHHHH autoridades Munecipales y Jodiciales.