ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

En el estado de Zacatecas, situado por diversas organizaciones no gubernamentales y estadísticas oficiales como una de las entidades donde más violencia se registra respecto a su densidad poblacional, el dolor de aquellas personas que han perdido a un familiar en la encarnizada lucha que mantienen las bandas del crimen organizado sigue creciendo. Pero pocas veces le hacemos caso a otro dolor que, lamentablemente, sigue también sumando víctimas: el de las desapariciones de personas.

Según registros oficiales del Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED), dependiente del gobierno federal, en Zacatecas hay cerca de 500 casos de hombres y mujeres (muchos de ellos incluso menores de edad) que, un buen día, no regresaron a casa debido a que “alguien” se los llevó, y en muchos casos no se llega a configurar el delito de secuestro porque nunca hubo una llamada de sus plagiarios para exigir un rescate. Simplemente desaparecieron de la faz de la tierra sin que se sepa nada de ellos. No son pocas las familias que han padecido esta tragedia.

En las últimas semanas, las redes sociales como Facebook o Twitter se han llenado tristemente de llamados por parte de familiares en los que piden, suplican a los demás usuarios el apoyo para por lo menos difundir las fotografías de algún ser querido con el que perdieron contacto, con la esperanza de que si alguien los ve pueda reportar su ubicación. Pocos son los casos en los que afortunadamente regresan a casa, y mucho menos en los que se ofrece información sobre qué fue lo que les privó de la libertad, o dónde estuvieron, o si se tuvo que pagar algún rescate por ellos.

En muchas ocasiones incluso se ha dado el caso de que, habiéndose consumado un “levantón” enfrente de medio mundo, y a pesar de que existan testigos del hecho, luego los familiares no interponen la denuncia correspondiente por temor a represalias o por desconfianza para con las autoridades, y esos casos quedan todavía más ocultos de la mirada pública, simplemente con la esperanza albergada por las familias de que, en algún momento, su pariente volverá a aparecer… vivo o muerto.

¿Por qué están desapareciendo tantos jóvenes –hombres y mujeres por igual– en los principales municipios como Zacatecas, Guadalupe o Fresnillo? ¿Con qué fin se los están llevando las bandas delincuenciales? Algunos mencionan la posible alimentación de redes de trata de personas, otros señalan la industria del secuestro como motor principal, y para otros más, queda la sospecha de que quienes son privados de la libertad están sufriendo la consecuencia de haber “tocado” alguna fibra sensible, o le deben “algo” a los delincuentes que se los llevaron, relacionándolos directa o indirectamente con actividades ilícitas. Pero en realidad no lo sabemos. No hay un documento oficial o declaración de funcionarios de seguridad que nos dé claridad de qué está pasando aquí, en las principales zonas urbanas de la entidad, sin descartar ni menospreciar también las desapariciones que ocurren en otros municipios más lejanos y menos poblados, pero hasta donde también llegan las garras de la delincuencia.

Mientras las autoridades se “entretienen” –y nos entretienen también a nosotros– con algunos casos que se han hecho públicos ya sea por presión social o porque no había manera de ocultarlos, en la realidad ocurren muchas más desapariciones de las que nos imaginamos, y la cifra negra (la de aquellos casos que no se denuncian) sigue creciendo y trayendo más tristeza y desesperanza a más familias del ámbito local.

Es sumamente preocupante lo que vemos todos los días en las redes, esos llamados de apoyo y difusión de fotografías de quienes iban “a la escuela, y nunca llegó”, o de quienes fueron “levantados por unos sujetos armados”, o de quienes “se los llevaron a la fuerza mientras caminaban por la calle”… Nos están desapareciendo a muchos jóvenes y adultos, y tenemos que aprender, urgentemente, a cuidarnos nosotros mismos. ¿En qué nos ayudará el gobierno para ello? Esperamos la estrategia…


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