“Soy un seguidor de la vida y obra de Jesucristo.”

Andrés Manuel López Obrador

 

No es coincidencia que Andrés Manuel López Obrador haya decidido registrarse como precandidato a la presidencia este 12 de diciembre, como tampoco lo es que su partido se llame Morena. El tabasqueño no es sólo un hombre religioso, sino también un político convencido de que la suya es la causa del bien que lucha contra el mal.

Durante mucho tiempo no hubo claridad acerca de las creencias religiosas de López Obrador. Mucha gente suponía que, por ser de izquierda, debía ser ateo o agnóstico. Durante algún tiempo se dijo incluso que era evangélico, protestante, quizá “como argucia para desacreditarlo” (Carlos Martínez García, La Jornada, 10.5.06). Las dudas fueron en parte producto de su resistencia a declarar públicamente sus posiciones religiosas por considerarlas un tema personal. Quedaban claras, sin embargo, sus resistencias a aceptar programas de avanzada en cuestiones morales, como el aborto o el matrimonio entre homosexuales.

En los últimos años Andrés Manuel ya ha declarado sus convicciones religiosas. En 2012 reconoció ser religioso. Este pasado mes de marzo, en un foro del periódico El Mañana de Nuevo Laredo, señaló concretamente: “Soy cristiano, en la expresión amplia de lo que significa el cristianismo. Soy un seguidor de la vida y la obra de Jesucristo, porque Jesucristo luchó en su tiempo por los pobres, por los humildes. Por eso lo persiguieron los poderosos de su tiempo.”

La visión que tiene López Obrador de Jesús es muy similar a la que ha manifestado de sí mismo. Así como Jesús tuvo que enfrentarse a los poderosos de su tiempo, así él lo hace ante esa maldad encarnada en la mafia del poder. El hijo menor de Andrés Manuel, por otra parte, se llama Jesús precisamente por el nazareno, mientras que otro de sus hijos es Ernesto por el Che Guevara (Político.mx, 1.4.17).

Las ideas religiosas de López Obrador parecen haber influido sobre algunas de sus decisiones políticas. El 8 de abril de 2003, cuando todavía era jefe de gobierno de la Ciudad de México y ya buscaba su primera candidatura a la presidencia, donó 29 mil metros cuadrados de terreno público y privado a la Fundación Plaza Mariana, presidida por el entonces arzobispo primado Norberto Rivera, para ampliar la basílica de Guadalupe (Proceso 8.8.04). Se le acusó entonces de buscar el “voto guadalupano”.

El 17 de octubre de este 2017 López Obrador presentó el libro Patria de Paco Ignacio Taibo II y buscó subrayar “la bella paradoja”, la religiosidad personal de muchos de los liberales del siglo XIX que él admira. “La mayoría de los liberales que llevaron a cabo la Reforma y defendieron la república contra el imperio –dijo– habían tenido formación religiosa y, como es obvio, de influencia católica.” Guillermo Prieto “era guadalupano y creía en Dios. Santos Degollado trabajó de escribiente en la catedral de Morelia. Melchor Ocampo estudió en el seminario.” En la presentación citó a Francisco Zarco en una frase registrada en el libro de Taibo: “El partido que quisiera destruir o desarraigar el catolicismo sería demente o insensato, porque intentaría lo imposible, lo peligroso, lo criminal. Nosotros., en las sublimes verdades del cristianismo, encontramos condenado el despotismo y la opresión.”

No, no es sorpresa que Andrés Manuel le haya puesto Morena a su partido o que esté registrando su precandidatura exactamente este 12 de diciembre. Con estos gestos subraya su religiosidad y su visión de sí mismo como un seguidor de Jesús que cumple el mandato de acercarse a los pobres.

 

Reglas injustas

Los precandidatos podrán promocionarse en radio y televisión siempre y cuando enfrenten contrincantes en su partido. No podrán hacerlo los candidatos únicos. Con estas reglas, conviene tener un rival de pacotilla.

 

Twitter: @SergioSarmiento


Nuestros lectores comentan