FERNANDO QUIJAS
FERNANDO QUIJAS

Hace una semana, la actriz de cine para adultos August Ames fue hallada colgando de un árbol, después de cometer suicidio en un parque cercano a su residencia en California.

A sus 23 años, la actriz, cuyo verdadero nombre era Mercedes Grabowski, sufría de severos síntomas de depresión, pero se cree que lo que la orilló realmente a tomar la decisión de quitarse la vida fueron los últimos ataques que tuvo en su contra a través de Twitter.

Estos ataques fueron ocasionados simplemente porque Ames había anunciado, mediante dicha red social, que se rehusó a rodar una escena con un actor que había participado en pornografía gay. Lo anterior tenía una explicación muy simple: la actriz sólo quería protegerse de contraer una enfermedad. Tan simple como eso.

Pero para muchos, la decisión personal de Ames de querer cuidar de su salud representó “un ataque” a la comunidad homosexual, por lo que enseguida fue duramente criticada y señalada como homófoba, tanto por usuarios de la red como hasta por mismos compañeros de la industria. Uno de ellos, incluso, la incitaba a tomar cianuro.

La joven actriz quiso defenderse y trató de convencer a sus atacantes de que ella no tenía nada en contra de la comunidad LGBTTTQ+, mencionando incluso la atracción que ella misma sentía hacía personas de su sexo.

“No querer tener sexo con hombres gay no es homofobia; ellos tampoco quieren tener sexo conmigo”, dijo en su defensa en uno de sus tuits, aunque nadie quiso entender y los ataques continuaron.

August Ames sólo escribió “Fuck y’all” (Jódanse todos) para luego retirarse de Twitter ante la llegada de más y más ataques. El final ya nos lo sabemos.

Hubiera dado lo que fuera por ver la cara de aquellos guardianes de lo “políticamente correcto” que atacaban a Ames cuando se enteraron de la muerte de la actriz a causa de sus insultos en Twitter.

Daría lo que fuera por ver a quienes la atacaron hacerse cargo de sus propios problemas y dejar de sentirse “moralmente superiores” como para juzgar las acciones de los demás en la “defensa” de alguna causa.

¿No es algo irónico que, en las luchas por las causas sociales, las personas que agitan las banderas de la equidad, la solidaridad y la libertad en la defensa de lo “políticamente correcto” sean quienes se sienten con las pelotas de poder intervenir y opinar en las decisiones que los demás hagan con sus propias vidas, incluso hasta con sus mismos cuerpos? Al final, August Ames sólo estaba cuidando su salud.

La Nave debe partir, agradeciendo a todos ustedes el honor de su lectura. ¡Felices fiestas! Nos vemos pronto.

 


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