JUAN MANUEL RIVERA JUÁREZ Y ELVA CABRERA MURUATO*
JUAN MANUEL RIVERA JUÁREZ Y ELVA CABRERA MURUATO*

(parte 2 de 2)

 

Lewis también contribuyó en diferentes sectores de la química como la termodinámica (es considerado uno de los fundadores de la termodinámica–química moderna), la fotoquímica y la separación de isótopos.

En 1933, dedicó mucho tiempo al aislamiento del deuterio que acababa de ser descubierto por H. C. Urey (quien recibió su doctorado en el departamento de Berkeley). Fue el primero en producir una muestra pura de óxido de deuterio (agua pesada) y el primero en estudiar la supervivencia y el crecimiento de formas de vida en agua pesada. Al acelerar los deuterones en el ciclotrón de Ernest O. Lawrence, pudo estudiar muchas de las propiedades de los núcleos atómicos.

Acuñó la palabra “fotón” para describir la unidad de luz, en una carta enviada el 18 de diciembre de 1926 a la revista Nature. Técnicamente su comprensión del término era la siguiente: describía un portador de “energía radiante”, no una partícula de luz per se. En la carta aparecía el siguiente párrafo: por lo tanto, me tomo la libertad de proponer para este nuevo átomo hipotético, que no es luz, pero juega un papel esencial en todo proceso de radiación, el nombre de fotón.

Curiosamente, Lewis no consideró los fotones como energía libre o radiante, sino como “el portador de energía radiante”. Hasta hoy, los físicos describen el “fotón” como el portador de la fuerza electromagnética. Aunque Planck y Einstein avanzaron el concepto de quanta, Einstein no usó la palabra fotón en sus primeros escritos. En ese sentido, la concepción de “fotón” de Lewis difería de la teoría de la luz cuántica de 1905 de Einstein, pero el “fotón” llegó a usarse para describir lo que Einstein originalmente denominó “luz cuántica” (Lichtquant).

A pesar de sus éxitos científicos, Lewis nunca obtuvo el Premio Nobel (se especula que su amarga rivalidad con Nernst fue en parte culpable, y que este último utilizó su posición en el comité de selecciones para bloquear las nominaciones de Lewis).

Tras años de rivalidad con Irving Langmuir (Premio Nobel en 1932) y resentido al ver cómo uno de sus discípulos, Harold Urey, obtenía el Nobel en 1934 por el trabajo en el que habían participado los dos, y viendo cómo la mayoría de los químicos que él había formado pasaban a formar parte del proyecto Manhattan, Lewis pasó sus últimos años aislado en un laboratorio y hundido en la nostalgia, escribiendo una melancólica novela sobre un soldado.

Pocos hombres a la edad de 60, como Lewis, muestran una imaginación tan vasta para incursionar en diferentes direcciones: tenía su mente ocupada en diversas cosas. Según registros de la universidad, a los 65 años dejó sus funciones administrativas mientras continuaba como profesor hasta la edad de jubilación a los 70 años.

Sus amplios intereses, junto con su chispeante sentido del humor, lo convirtieron en uno de los compañeros y conversadores más estimulante y encantadores. Era muy sensible a la farsa y la pretensión, evitaba las multitudes y se retorcía bajo elogios personales. Varios de sus amigos y exalumnos, deseosos de honrarlo en una cena, conocedores de sus gustos, evitaban los elogios en sus discursos y simplemente la pasaban bien juntos. Lewis no se sentía a gusto hablando en público y rara vez aceptaba invitaciones para pronunciar un discurso científico. Sin embargo, cuando se encontraba lo suficientemente excitado, era muy eficaz en el debate.

A pesar de todos sus logros se encontró con un final trágico: en 1946, uno de sus estudiantes graduados llegó al laboratorio de Berkeley y encontró el cuerpo de Lewis debajo de una mesa de trabajo, aparentemente víctima de humos tóxicos de cianuro de hidrógeno líquido. Oficialmente su muerte se atribuyó a un ataque al corazón. Era un fumador empedernido, pero en el laboratorio se respiraba un ambiente que hacía recordar a las almendras amargas, característico olor que delata la presencia de cianuro.

Lewis había estado trabajando en un experimento en el que usaba dicha sustancia, al encontrar una línea de conducción rota se le llegó a considerar como la responsable de la expansión del gas en el espacio del laboratorio, pero siempre quedó la duda sobre si en realidad se habría suicidado.

Al parecer ese mismo día desayunó con el laureado Irving Langmuir, su rival durante años, convertido ahora en un carismático personaje de gran éxito por su participación en el proyecto Manhattan y que estaba de paso por Berkeley para recoger un premio. Los testigos del encuentro relatan que Lewis regresó del almuerzo muy malhumorado, jugó al brigde con sus colegas y se retiró a su laboratorio. Fue la última vez que se vio con vida a uno de los mejores químicos de la historia de la ciencia.

 

jmrivera@fisica.uaz.edu.mx

http://fisica.uaz.edu.mx/~jmrivera


Nuestros lectores comentan

  1. En todos lados secuestran habas. Las rivalidades entre loa académicos y
    científicos han estado plagadas de
    disputa por el reconocimiento a la obra
    que desarrollaron. Lástima de este amigo
    Newton Lewis que no obtuvo el premio Nobel tan ansiado