ALBERTO CHIU
ALBERTO CHIU

La pasada temporada vacacional que apenas termina, fue a similitud de todo el año que terminó, una que para muchos hogares representó la pérdida de seres queridos a manos de la violencia ejercida por los grupos delincuenciales que, querámoslo o no, siguen teniendo en Zacatecas un bastión del que nadie parece poder erradicarlos. Y el inicio de este año se ha visto manchado por el derramamiento de sangre de una pequeñita de apenas tres años de edad, víctima de las balas en Fresnillo.

Es cierto que no ha sido la única víctima en estos días y que hay otros asesinatos sensibles como el del comandante de la Policía Estatal, ocurrido hace apenas un par de días, a las puertas de su casa. Pero me parece que la muerte de la pequeñita Karla marca un hito en el grado de violencia con el que las bandas criminales están afectando a la población. No se puede excusar su deceso con pensar que estaba en el lugar y el momento equivocados por decisión de sus familiares. Es simplemente la muestra de que los delincuentes que debe enfrentar el Estado no tienen respeto alguno por la vida de las personas, sean delincuentes también o niños inocentes como la menor.

A eso se enfrenta –o debería enfrentarse– la autoridad, así como debe asumir su responsabilidad también en esclarecer tanto ese asesinato como el del comandante Juan Ramírez Osorio, o los más de 720 que ellos mismos reconocen ocurrieron tan sólo durante el 2017, y que son aquellos de los que se sabe, sin contar la llamada “cifra negra”. Lamentablemente, la situación sigue hasta el momento igual: no hay suficiencia de policías, falta capacitación, profesionalización de los cuerpos policiacos actuales, equipo y armamento, labores de inteligencia y, por supuesto, una estrategia concreta que no sea sólo reactiva, sino que vaya un paso adelante.

Los asesinatos ocurridos en estos primeros días de enero no son buena noticia ni mejor agüero para el año que inicia. Los reportes ciudadanos que corren como pólvora encendida respecto de levantones y secuestros en los principales municipios de la entidad siguen a la orden del día, y poca sigue siendo la información que se ofrece a la ciudadanía acerca de estos asuntos. Las extorsiones persisten y los robos a casa habitación también.

Por eso me parece sumamente delicado que, también en estos primeros días del año, la actitud asumida por la autoridad estatal en voz del secretario de Seguridad Pública, Ismael Camberos sea, por el contrario, la de tratar de minimizar la realidad, o de presentar como “buena” la noticia de que Zacatecas no es la entidad más violenta, aunque sí sea de las más estrujadas por la delincuencia, y para demostrarlo ahí están las voces de las víctimas y sus familiares, muchos de los cuales siguen exigiendo, infructuosamente, justicia.

Ante este panorama y las desafortunadas declaraciones triunfalistas de sus funcionarios, muchos se preguntan dónde está pues también el reconocimiento de Alejandro Tello sobre la situación, dónde estuvo para manifestar su apoyo por el asesinato de la menor Karlita, o su solidaridad con los oficiales de policía compañeros del comandante Juan Ramírez Osorio.

Dónde está también la respuesta en estos mismos casos de parte de la Secretaria General de Gobierno, Fabiola Torres, ya sea con su presencia o con su representación, o con medidas concretas de auxilio que le corresponderían en función de la política interior del gobierno. Dónde quedan las condiciones de seguridad ofrecidas, reiteradamente, por el gobierno a la ciudadanía, que sólo atina a ver cómo aparecen muertos aquí y allá prácticamente todos los días.

Sin duda que en este año electoral todos estos asuntos tendrán cabida en la reflexión de quienes acudirán a votar para escoger representantes populares y figuras de gobierno, con partidos y coaliciones que la propia ciudadanía señala dejan mucho qué desear, y que han puesto nuevamente a la clase política como ejemplos a no seguir. ¿Y qué nos queda? Sólo reflexionar, para no equivocarnos.


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