Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento

“Nuestro futuro no está en competir por empleos de bajo sueldo, sino en crear empleos de altos salarios y nueva tecnología”.

John F. Kerry

 

Horton Plaza, hoy Westfield Horton Plaza, tuvo un papel histórico muy importante en esta ciudad californiana. Un centro comercial de pasillos abiertos, colores brillantes y desniveles laberínticos, obra de Jon Jerde, impulsor de la arquitectura de la experiencia, ayudó a detonar una recuperación del centro urbano cuando este se distinguía por su concentración de bares de mala muerte.

Horton Plaza se inauguró en 1985 y durante décadas fue uno de los símbolos de la renovación del downtown de San Diego. Su adopción del reloj de Jessop, una hermosa torre de 1907 con un gran reloj en la parte superior, ayudó a convertir a la plaza en un centro de reunión comunitaria. Hoy, sin embargo, el centro comercial se está muriendo y puede convertirse en un cáncer que destruya en lugar de construir.

En 2016 cerró Nordstrom, una de las dos tiendas ancla de la plaza. Otros comercios importantes han venido retirándose. Este fin de semana pasado el mall parecía un cementerio con pocos compradores y muchos locales cerrados que anunciaban rebajas de hasta 70 por ciento antes de cerrar definitivamente.

El proceso ha sido gradual y refleja un problema que va más allá de un centro comercial en particular. La tecnología y los cambiantes hábitos de compra de los estadounidenses están cambiando el retail, el mercado de ventas al menudeo. El internet ha transformado en unos cuantos años la forma en que la gente adquiere productos de consumo.

Estados Unidos cerró 2017 con una buena tasa de crecimiento económico y la creación de más de 2 millones de empleos. La tasa de desocupación es ya de apenas 4.1 por ciento, un nivel que se considera de pleno empleo. El sector minorista, sin embargo, perdió 67 mil empleos. Los puestos que se están perdiendo en las tiendas se están ganando en otras actividades relacionadas. En 2017, por ejemplo, se crearon 74 mil nuevos empleos en el sector de transporte y almacenamiento (WSJ). Una parte de esta ganancia procede de Amazon, el gigante minorista que, en vez de emplear vendedores, contrata almacenistas y transportistas para llevar los productos directamente a los hogares.

Estamos viendo un cambio tecnológico de fondo. El creador de Amazon, Jeff Bezos, quien empezó en el negocio de los libros, entendió que las tiendas podían ser un paso innecesario y costoso en las ventas minoristas. Vender en internet y despachar directamente a los clientes ha permitido a la empresa rebasar a las cadenas tradicionales.

Pero a esto hay que añadir las malas políticas públicas. Los aumentos del salario mínimo, por ejemplo, lejos de ayudar a los trabajadores, han hecho insostenible la preservación de empleos en el sector minorista. Cobrar un impuesto comercial, sales tax, a los productos que se venden en tiendas, pero no a los de internet, da una ventaja injusta a Amazon. Además, los subsidios que el gobierno inyecta al servicio público de correos favorecen las ventas por internet.

La experiencia nos dice que es imposible detener los cambios de la tecnología. Los luditas no impidieron la adopción de telares mecánicos, los conductores de carruajes de caballos no pudieron frenar a los automóviles. Las tiendas y los centros comerciales tradicionales, sin embargo, podrían defenderse mejor, con beneficios para la comunidad como los que Horton Plaza trajo al centro de San Diego, si los gobiernos no cargaran los dados en su contra con políticas públicas mal diseñadas.

 

Genio estable

Ahora sí lo perdimos. Este sábado en Twitter, Donald Trump nos dijo que haber pasado de empresario exitoso a estrella de televisión y a presidente de los Estados en su primera oportunidad demuestra que es un genio. “y un genio muy estable”.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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