Manuel J. Jáuregui
Manuel J. Jáuregui

Es grave, gravísima, la denuncia hecha por el gobernador de Chihuahua, Javier Corral, quien acusa a la Secretaría de Hacienda de retenerle fondos al Estado en represalia por haber investigado desvíos de la tesorería estatal al PRI nacional, y de pasada encarcelar a Alejandro Gutiérrez, bróder de Manlio Fabio Beltrones, quien siendo presidente nacional del PRI, recibió los recursos malversados.

Indicando con esto que el COCHINERO en el que está convertida la política mexicana es aún más grande de lo que todo mundo supone.

Eso de emplear a la Secretaría de Hacienda como herramienta partidista para canalizar recursos al PRI, o bien CASTIGAR reteniéndole recursos a la oposición, no sólo resulta ilegal e inmoral, sino que raya en lo criminal.

¡Cuándo acabará tanto desprestigio!

La denuncia formulada por Corral es del todo creíble, ello, porque este tipo de comportamiento es TÍPICO y se está viendo en otros campos.

Nada menos que el New York Times describió cómo el gobierno COMPRA elogios en medios hambrientos de recursos públicos, mientras se los escatima a los independientes y críticos.

Es la misma fórmula, sólo que en este caso afectando a TODOS los ciudadanos chihuahuenses, en un acto de parcialidad y politización de la hacienda pública que habla mal, pero muy mal, de sus pasados (los embarrados por lo descubierto por Corral), entre otras cosas, que la SHCP bajo Videgaray era el ente distribuidor de esos fondos ilícitos desviados de las arcas públicas de Chihuahua y de otros Estados.

Obvio es que esta presión pretende evitar que el ex presidente del PRI, Manlio Fabio Beltrones, sea acusado de peculado y que se gire una orden de aprehensión, invitándolo a que acompañe a su compadre (y socio en las maniobras) Alejandro Gutiérrez en la cárcel.

Vivimos en una era política en la que ¡fuera máscaras!: el descaro es total, ya ni siquiera le intentan disimular.

Les vale pura mádere, lo único que les importa es ostentar y ejercer el poder por cualquier método posible, topen chivas o chillen llantas.

Parecen nuestros gobernantes actuales retar al mundo llenos de soberbia: “¡Sí, soy autocrático, soy represor!, ¿y qué?”.

La neta, sin ser fan ni opositor del señor José Antonio Meade, candidato priista a la Presidencia, todas estas barrabasadas le tendrán que repercutir negativamente.

No ha tenido éxito –bueno, siendo sinceros no parece ni siquiera haber intentado hacerlo– en sacudirse el lodo del priismo que lo baña; no despunta, no destaca, fuera de algunos eventos resucitados del Pleistoceno priista, ni siquiera se nota que el señor ande en busca del voto ciudadano.

¿Será que está tan confiado en la “maquinaria compravotos” del PRI que no siente la necesidad de sobresalir, de tomar una postura firme, por ejemplo, contra la CORRUPCIÓN, que es la lacra que más encamiona a los ciudadanos?

No lo sabemos, cosa de ellos, pero, siendo sinceros, los vientos predominantes están operando en contra de su avance electoral.

¡Qué bien vamos!


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