ALBERTO CHIU | NTRZACATECAS.COM
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Tal como reportaron casi todos los medios nacionales y muchos locales en todo el país, el Departamento de Estado norteamericano emitió, como lo hace regularmente, su recomendación para que los ciudadanos del vecino país del norte que pretenden viajar a México tomen las precauciones debidas, en caso de pretender visitar un destino “riesgoso”. Nada que no supiéramos, o que hicieran diferente.

Dentro de las distintas categorías de “peligro” que clasifican los Estados Unidos, Zacatecas aparece junto con otras diez entidades en el nivel 3, conocido como de “alerta naranja”, con el cual “se pide a los viajeros reconsiderar el viaje debido a que existen serios riesgos para su seguridad”. Bueno, al menos allá se preocupan de sus ciudadanos y les avisan lo que consideran oportuno y pertinente para su protección, con base en las mediciones que ellos mismos tienen de los niveles de violencia o inseguridad que perciben –desde allá– en nuestro país.

Aquí el chiste es que, ante la declaratoria de alerta del gobierno norteamericano, a la secretaria general de gobierno Fabiola Gilda Torres Rodríguez se le ocurrió decir públicamente que le parecía “injusta” la calificación del riesgo, la percepción de seguridad que tienen los estadounidenses, poniéndose y poniendo a la entidad casi en calidad de víctima de una apreciación extranjera.

Habría que preguntarle –a ella y a cualquiera otro miembro del gobierno estatal– si ellos no consideran injusta también la manera en que se minimizan los hechos violentos ocurridos en la entidad, el alto número de familias de zacatecanos afectadas directa o indirectamente por los asesinatos que aquí se cometen un día sí y al otro también, o los constantes reclamos de los familiares de víctimas que, una y otra vez, gritan al cielo que este gobierno ni los ve ni los escucha, o los hace menos, o no les da una respuesta concreta y convincente sobre las investigaciones de aquellos hechos en los que perdieron a uno o más de sus parientes.

¿Es suficiente con lamentar la apreciación de un gobierno extranjero acerca del riesgo que se corre en ciertos puntos de nuestro Zacatecas? Porque ese parece ser, desde hace ya varios meses, la tónica de las declaraciones gubernamentales: un lamento reiterado en voz del gobernador, de la propia secretaria general, del titular de seguridad pública o del procurador. Todo mundo lamenta la terrible situación, pero ¿se molestan si en Estados Unidos además de lamentarlo advierten a sus conciudadanos sobre el riesgo?

Aquí, por el contrario, poco se hace de parte del gobierno para advertir a la ciudadanía cuando está en curso una situación de riesgo; nunca se utilizan canales de comunicación inmediata como las socorridas redes sociales para avisarle a la gente que no salga a la calle en tal o cual colonia, o indicarles que abran paso a los cuerpos de seguridad o de auxilio, o que se resguarden en cuanto se detecta un hecho delictivo, de manera que la población quede cubierta a tiempo y pueda también tomar sus propias precauciones y avisar a sus familiares. Estrategias éstas que, a diferencia de Zacatecas, en otras entidades del país sí se llevan a cabo… y funcionan.

Sí es injusto que la gente tenga que enterarse del riesgo en que pudieron haber estado, hasta que ya pasó todo y ya no tiene sentido ningún aviso de precaución. Es injusto que sea el gobierno quien se pare de pestañas cuando alguien extranjero advierte sobre la inseguridad en que vivimos, pero no funciona preventivamente para con sus propios gobernados. Y es injusto que tras la violencia, se siga menospreciando el reclamo de justicia –este sí totalmente justificado, valga la redundancia– de los deudos afectados por la delincuencia.

Creo que muy poca cara tiene el gobierno de llamarse a “indignado” por un señalamiento extranjero como la alerta norteamericana, mientras al mismo tiempo aquí no se sientan las bases para lanzar esa clase de alertas para sus propios conciudadanos, dejándolos en una deleznable indefensión y posterior omisión de sus responsabilidades.


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