CLAUDIO MONTES DE OCA/NTRZACATECAS.COM
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ZACATECAS.- Lo que parecía ser su salida a un linfoma se convirtió en una pesadilla para Miriam Marlén, quien esperanzada por recuperarse, no volvió a ver la luz, por una negligencia médica en el Hospital General de Zacatecas.

El 8 de diciembre de 2017, Miriam entró a la aplicación de su última quimioterapia, un tratamiento que debía aplicarse a 24 horas, y que un doctor de este hospital aplicó en sólo cuatro.

Madre de tres hijas: una de 20, otra de 15 y una pequeñita de ocho años, antes había sido tratada en la ciudad de León, Guanajuato, cuando se acordó que llevaría las quimios en Zacatecas.

“Ella entró por su novena quimio, ya estaba bien, pero poco a poco fue deteriorando su salud ahí dentro internada; le aplicaron la quimio en cuatro horas, se le bajaron las defensas. Ya cuando pensábamos que la iban a dar de alta, la mandaron a un aislado y le dijeron que se iba a quedar cinco días más para matar una bacteria que tenía en la sangre, que según ésto, no era de importancia”, detalló Josefina, madre de la hoy fallecida.

Sin embargo, a ningún familiar le enseñaron los estudios correspondientes a la detección de esa bacteria, sólo “nos dijeron que dicha bacteria se comía los glóbulos rojos y la salud la deterioraba (sic). Le aplicaron un fármaco llamado vancomicina”.

La vancomicina provocó una reacción secundaria en Miriam, ya que no se le administró una muestra primero, para ver cómo respondía, fue entonces cuando la paciente empezó con síntomas como baja presión, alta temperatura, flemas y el síndrome del hombre rojo: efecto adverso común, derivado de la administración por vía intravenosa de vancomicina.

“Ella temblaba horrible. Este medicamento se lo pusieron por dos días, cada 12 horas, vía intravenosa, inhibía otros medicamentos. Le ponían de uno y luego de otro (medicamento) y sin llegar a un resultado. Llegó a estar a 40 grados de temperatura, pero sólo se la bajaban con agua helada, luego empezó con una tos horrible”, relató.

La hinchazón que le provocó ésto no le permitía hablar, de acuerdo con sus familiares, apenas podía moverse y le resultaba casi imposible comer.

“Sólo se comunicaba con señas. Duró más de una semana sin poder probar agua ni alimento alguno, ya que no podía tragar la comida. Después se deformó toda, parecía que iba a explotar y ellos no sabían qué hacer. Y los pasantes sólo se veían unos a otros. Lo peor de todo que sólo ellos se hablaban en sus términos médicos y a los familiares les hablaban así, y pues uno no les entiende”, narró.

“Duró más de una semana con período. Pensábamos que era su período ¡¿Y cuál?! Era efecto de que ella ya estaba expulsando su sangre por donde pudiera ya que estaba quemada por tanto medicamento que le habían aplicado”, reprochó.

El 20 de diciembre cambiaron el sello amarillo por uno rojo, pero a nadie de la familia se le explicó que ello significaba que la paciente estaba en fase terminal.

“No nos explicaran por qué lo habían hecho y sólo nos dijeron que era porque era para pacientes que están un poquito delicados y ocupaban más atención”, comentó.

El día 23, a las 23:30 horas, Miriam comenzó a convulsionar por las altas temperaturas. Le administraron dos veces y aun así no comentaban a los familiares que se trataba de una fase terminal.

“La dejaron que se convulsionara y poco después se controló. Le supliqué que diga la verdad, de qué iba a pasar con mi hija; entonces, me confesó que no tenía cura alguna, que esperáramos lo peor”, explicó.

A las 7 horas del 24 de diciembre, Miriam tuvo la última convulsión, intentaron reanimarla, pero no pudieron debido a lo agrietados que estaban sus pechos por la hinchazón.

“Sus genitales estaban con la carne viva. La espalda se le venía los pedazos de piel y carne. Su lengua estaba ya quemada y sus labios llenos de ampollas. Y lo peor de todo: la acta de defunción pusieron que murió del cáncer, pero no pusieron en realidad todo lo que había pasado”, dijo.

Por su parte, el sobrino de Miriam, quien vio el doloroso proceso de su tía, comentó: “el doctor que aplicó la quimio, a este doctor se le iban las cabras en varias quimios atrás; le quería poner otras de otros pacientes, ya que se le olvidaba poner el nombre de los pacientes”.

La familia de Miriam pide justicia, pero hasta el momento no ha recibido atención, pese a solicitar audiencia con el director del Hospital General de Zacatecas.


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