Alberto Chiu
Alberto Chiu

El año pasado la Secretaría del Zacatecano Migrante (Sezami) realizó 90 trámites para traer los cuerpos de paisanos que fallecieron del otro lado de la frontera, y sepultarlos aquí. Eso dijo el titular de la dependencia, el también migrante Juan José Estrada Hernández, y explicó que quizá no fueran todos los que hubo, sino sólo de los que se tuvo conocimiento y solicitud de traslado por parte de los familiares. Pero… ¿qué más hace la secretaría en mención?

Efectivamente, tal como aparece en su página de internet oficial, la Sezami ofrece no sólo el servicio de dicho trámite de repatriación de cuerpos, sino también “trámite de visa, asesoría jurídica migratoria y asesoría cultural a federaciones”. Y la verdad que en un estado que se considera binacional como el nuestro, estos servicios me parecen ambiguos, duplicados de dependencias federales, y en el último de los casos, exagerados por no decir innecesarios.

Pareciera que no hay una justificación real de su existencia –y su consiguiente gasto del erario en recursos humanos y materiales– sobre todo cuando contrastamos los resultados que ofrece particularmente a los migrantes zacatecanos, quienes la gran mayoría de las veces acuden a instancias distintas (ya sean las federales, o hasta las ilegales, como los coyotes) para irse de sus pueblos de origen a buscar el famoso “sueño americano”… o simplemente una mejor forma de darle de comer a sus familias.

Sin embargo, algo que por ejemplo no aparece en el portal oficial de la dependencia, pero que sí se lleva a cabo cada cierto tiempo, es la entrega de apoyos (como los recientemente otorgados) a aquellos zacatecanos deportados del vecino país del norte, con el objetivo de que lo inviertan en alguna actividad económica que les mantenga de este lado, en sus propias comunidades, y les ayude a sostenerse, a emprender un negocio por sí mismos.

A ver, entonces: promueven el apoyo en las citas en consulados para tramitar la visa y dan asesoría jurídica a migrantes, igual que lo haría la Secretaría de Relaciones Exteriores; ofrecen el apoyo cultural a federaciones, que bien lo podría hacer la Secretaría de Educación o incluso el Instituto Zacatecano de Cultura; y entregan apoyos económicos para el emprendimiento, ¿como lo debería de hacer la Secretaría de Economía? Pues parece que lo único distinto sería, entonces, el apoyo en el traslado de cuerpos de migrantes fallecidos allá… cosa que bien podría hacer la Secretaría General de Gobierno a través de alguna de sus subsecretarías.

Lamentablemente, lo que sí ha resaltado en su existencia reciente, es la buena cantidad de apariciones que tiene esta dependencia –generalmente al lado de las representaciones del gobierno estatal, o del Sistema DIF, por ejemplo– en eventos de corte más bien de sociedad, como los bailes y demás festivales que organizan las federaciones de clubes en los Estados Unidos, o las giras del DIF (las llamadas “Ferias DIFerentes”)… y la consabida aparición de su titular en actos relacionados más bien con la política norteamericana.

No recuerdo haber visto, por ejemplo, alguna participación activa o propuesta concreta en el muy actual tema en discusión sobre la migración en Estados Unidos, o una aportación local al gobierno federal en la discusión de los tratados migratorios, o su postura en cuanto a lo que allá está sucediendo con los llamados Dreamers, los hijos de migrantes que fueron introducidos a aquél país siendo menores de edad, y que hoy buscan les sean respetados muchos derechos que consideran generados.

Está bien que se piense que, por ser un estado binacional (que insisto, ha sido una concepción local, y me parece meramente de manejo político, no real) haya la necesidad de una dependencia que dé particular atención a ese grupo de población, pero… ¿para qué crear esa especie de “estado de excepción” en lugar de tratar a tooodos los zacatecanos por igual, y brindarles las mismas oportunidades, y mejorar la calidad de vida por igual, ya sea que se vayan o no? Hasta parece incentivo para la migración…


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