MANUEL SÁNCHEZ SÁNCHEZ *
MANUEL SÁNCHEZ SÁNCHEZ *

Podríamos asegurar que el amor es el sentimiento humano que, fuera de la definición, se ha expresado a lo largo de la historia; sin embargo, las circunstancias y las situaciones en las que se ha presentado han sido muy diversas. Imaginemos el México del siglo XIX, justo en las décadas posteriores a la emancipación de España, con ese legado cultural que significó tener la religión católica como única reconocida, como oficial. No es difícil entonces hacernos una idea de las formas de convivencia, del acercamiento entre las personas, donde se fueron creando las prácticas culturales que hacían surgir aquel sentimiento que se entiende como el amor.

Ahora complejicemos: en una sociedad culturalmente cerrada a lo externo, un amor entre un extranjero y una mexicana, o viceversa, resulta un poco difícil de entender. Contextualicemos: tras la independencia de México en 1821, se buscó la atracción de inversión extranjera. Tal situación desembocó en la Ley de Colonización de 1823 que trataba de propiciar la emigración en lugares con poca población.

Con todo y los esfuerzos realizados por los primeros gobiernos de México, no se logró el cometido con un impacto contundente en la economía nacional. Sin embargo, claro que hubo varios extranjeros que se decidieron por probar suerte en estas tierras y emprendieron el viaje. En este ejemplo nos centraremos con algunos alemanes.

En 1829 el comerciante alemán Guillermo Drusina se casó con María de la Cruz Noriega y Vicario, lo cual no le fue nada fácil, no sólo porque su amada pertenecía a una de las familias más importantes del país, sino porque había algo con lo que la mayoría de los mexicanos no comulgaban, que era unirse en matrimonio con alguien que profesaba otra religión, pues Guillermo era protestante. No fue hasta que, desde Roma, se le concedió una dispensa para llevar a cabo el matrimonio, suena fácil, ¿no?

La misma situación sucedió en la década de 1840 con el comerciante Julio F. Uhink, un protestante que probó suerte en el amor al buscar matrimonio con Ignacia, la mismísima hija del político liberal Valentín Gómez Farías –principal promotor de la inmigración europea–. El asunto terminó por solucionarse cuando el comerciante alemán, residente en Veracruz, se decidió a mandar una carta a su futura suegra, Isabel López de Gómez, en la cual aceptaba la estricta condición de que sus futuros hijos profesarían la religión católica y serían educados con base en los dogmas de la misma.

Las referencias muestran cómo, a pesar de los retos, se lograron sobreponer de buena manera las intenciones de perpetuar el amor; sin embargo, fue más difícil para otros personajes, tal como le sucedió a August Haas. Hacía 1843 un alemán dedicado el comercio, en la región de Culiacán, Sinaloa, pretendía a una joven llamada Rafaelita de la Vega, quien pertenecía a una prominente familia de la zona, pero el objetivo de Haas estaba lejos de consolidarse en un matrimonio sin antes pasar por un sinfín de penurias. Adolpf Reinsch escribe sobre las dificultades que pasó aquél alemán en Sinaloa.

Antes que cualquier otra cosa, August tuvo que prometer convertirse al catolicismo, pero ahí empezaría literalmente el calvario, pues los curas católicos maltrataron al enamorado de muchas formas. Después de regaños e informaciones de cómo se debía ser buen católico, fue obligado a vestir de penitente y caminar hacia la iglesia donde tocó a la puerta y tuvo que presentarse como “un pobre pecador perdido que ruega se le vuelva a aceptar en el seno de la única religión que hace posible la salvación eterna” (Bernecker 2005). Después de varias semanas, y habiendo hecho una procesión solemne vela en mano se le concedió contraer matrimonio con Rafelita*.

Hasta el momento hemos expuesto los casos del amor de pareja, sus dificultades, los retos a los que se enfrentaros aquellas parejas, pero no podemos dejar de lado el amor de familia, o el de amigos, por ejemplo, el mineralogista Joseph Burkart en 1828 tuvo que abandonar su natal Bonn, despidiéndose de su madre y su padre, de sus hermanos y amigos a los que no sabía cuándo los volvería a ver, así lo relata en su libro Estancia y viaje en México en los años de 1825 a 1834, mostrando cómo el sentimiento de amor a la familia fue muy importante al momento de salir de Alemania.

Hay bastantes casos que dan fe del sentimiento de amor que tuvieron varios viajeros y emigrantes que llegaron a México durante el siglo XIX y XX, de los cuales se puede constatar al analizar los relatos o diarios de viaje que dejaron. Asimismo, analizar las relaciones de amistad, de pareja y lazos familiares nos acerca a la visión del “otro” como ser humano y que, como tal, irradia sentimientos en sus acciones al correr del tiempo.

*Historiador. Es autor del libro Entre militares, mineros y artistas. La historia de la migración alemana en Zacatecas. 1825-1835 (Fundación Roberto Ramos Dávila, 2017).

* Bernecker, Walther (coord.), Alemania y México en el siglo XIX, México, UNAM, 2005, pp. 181-182.

 


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