JENNY GONZÁLEZ ARENAS
JENNY GONZÁLEZ ARENAS

La minería es una de las actividades que han originado el nacimiento de nuestra entidad, no podemos negar la importancia que tuvo para el desarrollo de la economía de Zacatecas en épocas pasadas, tampoco podemos negar el avance tecnológico y económico que debería traer una actividad económica de esta naturaleza a la región; sin embargo, todo se ha quedado en mensajes vacíos, falsas promesas y territorios desolados. La minería en Zacatecas no es ni un instrumento para la mejora social y mucho menos una actividad que genere dividendos para la región, solo se ha traído deterioro en diversos aspectos como el laboral, el social, el económico, el cultural, entre otros.

El deterioro o complicidad de las instituciones públicas, la falta de atención por parte de quienes les deberían brindar asesoría jurídica y la apatía de la sociedad, son factores de peso que en cualquier momento pueden llegar a desencadenar conflictos sociales que el Estado resolverá de manera violenta, lamentablemente en perjuicio de la sociedad. Los intereses económicos son tantos, que no podemos olvidar cómo la fuerza pública a manos del Estado es capaz de reprimir y amenazar a su propia sociedad por salvaguardar los intereses de compañías extranjeras que no hacen otra cosa que sobre explotar los recursos nacionales.

No es que la sociedad en su conjunto estemos en contra de la creación de empleos dignos o del desarrollo económico, de lo que estamos en contra es de la falta de voluntad de las partes de cumplir con los acuerdos, de la mala administración tanto pública como privada, que se hace de la “vista gorda” mientras que es la población quien ve vulnerados sus derechos, y ni los organismos autónomos ni los órganos estatales hacen algo por solucionar la situación.

Mucho se habla de lo que ayudan las empresas mineras con su supuesta “Responsabilidad Social”, proponen la creación de centros educativos para que ahí se formen los futuros trabajadores de la empresa que aspiran a tener salarios dignos, de las condiciones favorables con las que trataran a la comunidad, prometen pavimentar calles, mejorar los centros de salud, o crearlos en caso de no haber, mejorar las condiciones de la vivienda, garantizar servicios, prometen espejitos, literal, para llevarse la plata de la entidad, y mientras el deterioro ambiental crece y crece, afloran las verdaderas intenciones, malas condiciones laborales, malas condiciones de salud para los que trabajan en la mina y para los que viven en los alrededores, los hogares no fueron lo que prometieron, las condiciones de los centros educativos tampoco son lo que ofrecieron y no se contrata al personal que egresa de esos centros educativos, la migración disminuye en lo inmediato, pero a mediano y largo plazo se vuelve a disparar después de que la población se da cuenta y pierde las esperanzas en las promesas de las compañías y se rinde por la falta de atención de las autoridades.

Pareciera que hemos retrocedido 500 años y que la colonización ahora es a manos de los canadienses y no de los españoles, aunque la finalidad sigue siendo la misma, llevarse las riquezas minerales de nuestra entidad a otros lugares, aunque ello implique un gran deterioro ambiental y en materia de salud y de derechos laborales de los lugareños. Este es un momento para que el Estado tome cartas en el asunto y atienda las demandas de las poblaciones mineras como Mazapil, porque ahorita son llamadas pacíficas, pero el día de mañana se puede desencadenar uno o muchos conflictos sociales que el Estado tendrá que contener, y lamentablemente quien saldrá perdiendo, como en Salaverna, será la comunidad.


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