ALBERTO CHIU | NTRZACATECAS.COM
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Este lunes está programada la instalación del Comité Coordinador del Sistema Estatal Anticorrupción, y del Órgano de Gobierno de la Secretaría Ejecutiva del Sistema Estatal Anticorrupción, nombres rimbombantes (si usted quiere) de instancias que más allá de cómo se llamen, tendrán esa otra parte de grave responsabilidad en cuanto a la vigilancia contra la corrupción del propio gobierno. Una especie de policía interior.

En ese mismo orden de ideas, surge a la vez la declaración de la magistrada presidente del Tribunal de Justicia Administrativa, Raquel Velasco Macías, quien señala la urgencia de que se nombre pronto a los fiscales especializados que vienen con la reforma de la Procuraduría en Fiscalía General, y particularmente hace énfasis en el de quien deberá ser el fiscal anticorrupción.

Y precisamente en esa urgencia, me parece que Velasco Macías hace una puntualización por demás interesante, cuando dice que el nuevo fiscal anticorrupción deberá tener, además de toda la preparación académica necesaria en las áreas de derecho y el conocimiento de las leyes, una pizca de “malicia”… y qué razón tiene.

Claro, entiendo que al señalar esa malicia que debe tener quien se dedique a luchar contra la corrupción, se refiere a que sea lo suficientemente sagaz, se anticipe a las cosas, vea más allá de lo evidente y conozca, con total suficiencia, todos aquellos “recovecos” y lagunas legales de los que se podría tratar de aprovechar algún funcionario o servidor público para abusar y caer en la tentación de corromper y corromperse –claro, no sin la participación de algún ciudadano–.

Pero es que el conocimiento de las leyes, los procedimientos, la normativa entera de todos los procesos administrativos que lleva a cabo la administración pública, por ejemplo, no es suficiente para luchar contra la corrupción. Es verdad, se necesita ser un poquito malicioso para saber por dónde podría tratar de colarse algún listillo para “doblar” las leyes y no romperlas.

No me queda duda que esa clase de “malicia” la tienen muchos. Ahora sólo falta encontrar a quien, teniendo esa malicia, sea capaz de mantenerse del lado de la ley y del máximo interés del bien común, a pesar de las incontables tentaciones de beneficiarse de ella. Porque, lamentablemente, ejemplos de que se han beneficiado de ella precisamente sí hay muchos, y tan bien la han aprovechado, que no ha habido manera de demostrar legalmente corrupción alguna, y no se ha logrado llevar ante la justicia prácticamente a ningún corrupto, como si no existieran.

Esa misma malicia que señala la magistrada Velasco Macías, por ejemplo, deberá también tenerla el propio Fiscal General Francisco Murillo Ruiseco, y aunque de entrada ya hay quien señale públicamente que es lo suficientemente sagaz para esos asuntos y que no le ven la cara fácilmente, falta todavía que lo pruebe en los no pocos casos que, recientemente, al menos han levantado ámpula entre la sociedad zacatecana, tal como lo señalan por ejemplo los abogados José Pablo Mercdo, Aquiles González y Arturo Nahle, en declaraciones que usted encontrará en esta edición de El Diario NTR.

Para ellos, no cabe duda que la demostración de cualquier posible corrupción en el gobierno de Miguel Alonso Reyes será una especie de “prueba de fuego” para Murillo Ruiseco. Y el hecho es que aunque se demuestre legalmente que no hubo nada fuera de la ley, o que si lo hubo no hay manera de comprobarlo, de cualquier forma una parte de la sociedad se siente agraviada por lo que al menos popularmente se supo… pero nunca se denunció o no se denunció con la suficiente contundencia.

Vaya que no será fácil. Vaya que la tarea es titánica y se antoja casi imposible. Será, a final de cuentas, no sólo una prueba para ver si tenemos a los hombres y mujeres más capacitados para luchar contra la corrupción, sino a los más honestos, rectos, congruentes, éticos, que le den tanto a este gobierno como a la sociedad en general la confianza de que vamos por buen camino.


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