Alberto Chiu
Alberto Chiu

Las cifras que maneja el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, así como otras instancias encargadas de llevar estadísticas sobre el empleo, la eficiencia terminal de las instituciones educativas de nivel superior, y organizaciones no gubernamentales, registran un panorama bastante desalentador: la mayoría de los jóvenes que egresan con una carrera profesional, no encuentran trabajo en aquello para lo que se prepararon, y acaban dedicándose a cualquier otra ocupación, por más dispar que resulte de sus estudios.

Así nos encontramos en Zacatecas con odontólogos que manejan taxi, con un montón de abogados que atienden un establecimiento de comida, algunas jóvenes con nivel de maestría que laboran como secretarias en algún despacho, etcétera. Y tal como muchos lo perciben, es muchísimo el talento desperdiciado en ocupaciones que, si bien no son indignas, sí representan una especie de estancamiento para el desarrollo profesional de muchos recién egresados.

Resulta interesante que la Universidad Autónoma de Zacatecas esté preocupada por generar algunas herramientas de vinculación entre la academia y la iniciativa privada, y aunque no es un esfuerzo único ni tan novedoso, la verdad es que esta famosa “vinculación” es un tema que, por ejemplo, cámaras empresariales como la Coparmex a nivel nacional ha tratado de impulsar y abordado innumerables ocasiones, principalmente en los discursos institucionales. Pero parece ser una realidad lejana.

Si una universidad (cualquiera, pública o privada) se centra solamente en la preparación académica de su alumnado, por más de alta calidad que sean los egresados si no existen los caminos para su inserción en la vida productiva local, se convierte en una especie de “productora de talentos de exportación”, pues muchos de los jóvenes que prepare se irán indefectiblemente del lugar de origen para buscar otros derroteros donde sí encuentren trabajos relacionados con su educación formal.

¿Cuántos años llevamos en Zacatecas preguntándonos sobre la pertinencia de tal o cual carrera universitaria, cuando vemos la saturación que hay en el mercado laboral? ¿Cuántas veces nos seguiremos preguntando en qué van a trabajar tantos abogados, ingenieros, contadores o especialistas en filosofía y letras, si no se ve que haya empresas que los contraten, ni oportunidades para que se desarrollen por sí mismos siendo emprendedores?

Por supuesto que ahí está también la discusión que de cuando en cuando surge al interior de la universidad (o universidades) sobre qué carreras promover e impulsar, y qué otras incluso cerrar porque ya es imposible lanzar más jóvenes con licenciatura –ya ni se diga con maestrías o doctorados– nada más al vacío, a la incertidumbre sobre su carrera, o finalmente al desempleo. Esa discusión casi nunca llega a buen puerto, y seguimos en esa especie de inercia que insiste en preparar gente muy profesional en lo que hace… sin importar que cuando egresen aquí no tendrán un campo donde desarrollarse.

Hace falta que las universidades sostengan contactos más directos, más productivos con la iniciativa privada, de modo que en conjunto logren encontrar los caminos para que los egresados cuenten con al menos una oportunidad por la que compitan, beneficiando así tanto a los nuevos profesionistas como a las empresas que los contratan. Y el gobierno, por ejemplo a través de la Secretaría de Economía, se involucre también en la generación de condiciones para que el sector privado se decida a crecer contratando a ese personal preparado.

Se trata, por supuesto, de una expresión de voluntad de todas las partes, pero creo que principalmente de las instituciones de educación que deben considerar mejor la realidad que los rodea, y no sustraerse a la misma pensando que con cumplir con programas académicos, certificar competencias en las aulas, o premiar a los docentes, alumnos e investigadores más destacados, ya cumplió su cometido y su compromiso social.

No pueden seguir siendo universidades generadoras de desempleados, ni de genios que próximamente estarán condenados a irse de aquí, porque de esa manera sólo nos convertimos en incubadoras de éxitos ajenos, mientras el estado sigue sumido en el atraso que, lamentablemente, mantiene a muchos en la pobreza.


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