Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento

“Prohibir las drogas en México no ha reducido su consumo y, al contrario, ha traído otras consecuencias como la violencia.”

Julio Frenk

 

Venta de droga siempre ha habido en las instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México. En mis tiempos en la Prepa 8, a fines de los sesenta y principios de los setenta, la venta y el consumo tenían lugar de forma abierta. En Ciudad Universitaria, las “islas” eran el lugar en que se fumaba marihuana y se vendía droga, antes de que los frontones se pusieran de moda. No debe sorprendernos. En otros lugares de la Ciudad de México, el vendedor de droga corre un mayor riesgo de ser detectado por la policía y detenido. En las escuelas de la UNAM la “autonomía universitaria”, que ha sido interpretada como una especie de extraterritorialidad, el riesgo es mínimo o más bien inexistente. Los usos y costumbres impiden el ingreso de la policía, ya sea preventiva o ministerial. La seguridad interna de la UNAM no se atreve a confrontar a los vendedores. Y lo entiendo. No son policías, no tienen armas; quienes venden o usan drogas no les hacen caso o, peor aún, los amenazan. La policía ha siempre concentrado sus esfuerzos en los alrededores de CU. Ahí realiza detenciones de narcomenudistas que transportan mercancía para venderla en la seguridad del campus. Es imposible cerrar los accesos a los vendedores de droga porque CU es un área abierta. Otras universidades tienen rejas y puertas para impedir el acceso a personas ajenas a las instituciones. Pretender que esta situación puede cambiar con una campaña de publicidad, bajo el lema de “¡Fuera narcos de la UNAM!”, es no entender las razones que han convertido a las escuelas de esta universidad en uno de los mercados de drogas más importantes de la Ciudad de México y quizá del país. De nada sirve colocar mensajes de propaganda en las pantallas del Estadio Olímpico Universitario.

Algunos casos de violencia han llamado la atención a este tradicional mercado de drogas. El hecho más reciente tuvo lugar el 23 de febrero en la zona de los frontones y resultó en la muerte de dos personas.

Hubo otros homicidios relacionados con temas de drogas, pero en realidad han sido pocos a lo largo de los años, si consideramos el tamaño del mercado y el número de estudiantes y maestros de Ciudad Universitaria. De alguna manera, la UNAM se ha convertido en una especie de zona libre de drogas, como los cafés de Amsterdam en los que se tolera el consumo de por lo menos la marihuana desde hace años. Por décadas la venta de drogas en CU la llevaban a cabo jóvenes estudiantes que compraban la mercancía a proveedores externos. Hoy hay indicaciones de que la distribución la están tomando grupos profesionales. Los actos de violencia podrían deberse a que algunos de éstos buscan desplazar a competidores de lo que consideran sus territorios. El rector de la UNAM, Enrique Graue, afirma que no aceptará usar policías o agentes armados de seguridad para detener el narcomenudeo en la UNAM. Se entiende. El uso de la fuerza no ha impedido el tráfico de drogas en el resto de la ciudad o del país. Pero también hay que comprender que esto significa que no desaparecerá la venta de drogas en las escuelas de la universidad. Tratar de convencer con razones a quienes se benefician de esta venta para que se vayan del lugar tendrá el mismo resultado que los esfuerzos por convencer a quienes mantienen la ocupación del Auditorio Justo de la Facultad de Filosofía y Letras desde el 4 de septiembre del año 2000.

 

Sin indemnización

El Parlamento de Sudáfrica aprobó una iniciativa que permite la expropiación de tierras sin indemnización. La medida está diseñada para aplicarse solamente a miembros de la minoría blanca. Es previsible que se registre un desplome de la inversión y la producción agropecuaria como ocurrió previamente en Zimbabwe.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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