REFORMA | NTRZACATECAS.COM
REFORMA | NTRZACATECAS.COM

MONTERREY. En la ciudad el toque de queda es a las 20:00 horas, los militares detienen a los conductores en cada esquina para revisar los vehículos y las identificaciones de los pasajeros mientras las calles, llenas de basura, son recorridas por niños sin rumbo ni propósito.

Ésta es la escena que Eru (nombre ficticio), mexicano de padre sirio, vivió en Damasco durante un mes, cuando la guerra civil entre el Gobierno de Siria, el Estado Islámico y los demás grupos opositores está en su séptimo año.

El chico ya regresó a México, pero pide cambiar su nombre porque debe volver a esta nación de Oriente Próximo y teme algún tipo de represalia.

Él concedió entrevista a EL NORTE cuando se encontraba en el país árabe, mediante vía grabaciones de voz y conversaciones de chat.

“No hay bancos, no hay Visa ni Mastercard”, relata el joven de 27 años.

“Te das cuenta de que la gente pierde el ánimo y la vida empieza a ser cuestión de menor interés”.

Él nunca había pisado tierras sirias hasta este año, cuando asuntos familiares lo llevaron allá. Eru se graduó de la Licenciatura en Comunicación y Medios Digitales del Tec de Monterrey en el 2017, y es aficionado de la fotografía.

“Es complicado tomar fotos, hay militares en todos lados y por cualquier cosa te agarran aquí”, relata en voz baja, como si quisiera evitar ser escuchado.

“Si me agarran se dan cuenta que soy de familia siria y (como) no hice servicio militar me mandan al Ejército”.

El escuchar sobre el diario vivir en tiempos violentos puede impactar a las personas, explica, pero incluso en una capital azotada por la guerra civil se pueden encontrar similitudes con México.

“(Damasco) me recuerda a México porque la clase media ha desaparecido. Hay gente que hizo dinero en la guerra y hay gente de las otras ciudades atacadas que se vinieron a refugiar en la capital”, comenta. “Entonces hay mucha gente en la calle, y hay mucha gente sin nada”.

Más allá de los edificios derribados, para este muchacho el mayor daño del conflicto bélico es el ánimo de las personas y hasta la pérdida de la religión.

“Ves cómo la gente ha perdido fe en Alah, algunas mujeres salen sin taparse, fuman y van a los bares en la noche, antes eso no sucedía”, dice. “Es curioso verlo desde este punto: una cosa es ver a una mujer que ha tomado fuerza por un camino (de empoderamiento) y aquí han tomado ese camino por una desilusión”.

La pérdida de ideologías no sólo afecta a los adultos, sino también a los niños.

“Ves a niños de como 10 o 13 años en las calles con la actitud de un señor que perdió todo en su vida, que su vida ya se fue al carajo”, cuenta mientras está en un hotel sin poder conciliar el sueño.

 

UN DÍA EN DAMASCO

– ¿Cómo es un viaje al mercado en la capital siria?

“Yo no hablo árabe, pero tengo rasgos árabes, y para que en el mercado no me vean la cara de turista actúo como si fuera sordomudo”, relata. “La gente dice ‘es árabe, es sordomudo, entiende’, y ellos intentan con señas que los entienda. Les pago con billetes grandes para aprender el valor de las cosas”.

De acuerdo con Eru, la moneda está devaluada, por lo que 2 mil libras sirias equivalen a aproximadamente 4 dólares.

Las zonas más ricas de la ciudad están más limpias y hay restaurantes y cafeterías abiertas. La capital tiene fama de ser más segura que otras urbes del país, relata, pero eso no la exenta de fallas en los servicios básicos.

“No siempre hay luz y también cortan el agua”, dice. “El internet también es malísimo, sólo puedo conseguir señal en algunos lados”.

No obstante, estos problemas pierden relevancia cuando se considera que el peligro en las calles es constante.

“Todo el tiempo estás en peligro, sales a la calle y de la nada se escuchan tiroteos y bombardeos”, narra.

En momentos de las grabaciones que envió para responder las preguntas de esta entrevista se escuchan helicópteros en la distancia, mientras él repite la frase “no sé qué está pasando”.

“Ayer cayó una bomba a una cuadra de donde estaba, algo que tocó el piso y explotó en muchas pequeñas bolas de metal”, escribió. “Mató a muchos niños y gente”.

¿Y qué opina la sociedad del Gobierno? Según Eru, no es algo que se pueda expresar abiertamente.

“Hay muchas personas que no lo quieren (al presidente Bashar al-Assad). Hay unos que sí lo quieren, que ni me gusta hablar de eso por aquí, aquí te matan si estás en contra, te desaparecen”, señala.

“Pero así es como se ha mantenido el poder y es una realidad, muchos lo ven como una protección, otros como un abuso”.

Pero incluso en esta realidad, la gente ve un rayo de luz, dice.

“La guerra sigue, (pero) se espera que este año mejore”, comenta. “Hace dos años, en el 2015 o 2016, dicen que fue lo más difícil porque ahí sí no había nada…estaba más loco de lo que está ahorita”.

Ya en Monterrey, Eru recuerda las dificultades para salir de Siria.

“Tengo pasaporte mexicano, pero me delatan mis rasgos árabes”, indica.

“Hay muchos militares por todos lados. Me quitaron el pasaporte, las personas que me ayudaron hablaron por mí y me dieron un pase que presenté en cada retén, donde decía que era mexicano”.

Si bien tuvo éxito, el joven está seguro de que los militares lo identificaron como sirio, pues es común que las personas con doble nacionalidad utilicen este recurso para escapar de la vida en tiempos de guerra.


Los comentarios están cerrados.