SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“Entre más libre sea el flujo del comercio mundial, más fuertes serán las mareas de progreso humano y la paz entre las naciones.”

Ronald Reagan

 

La ignorancia económica hace daño y el proteccionismo también. Lo sabemos desde hace mucho tiempo. Pero los ignorantes no se quedan satisfechos con su ignorancia. Pecan también de perversión e insisten en imponer políticas dañinas precisamente porque hacen daño. Donald Trump quiere iniciar una nueva guerra comercial. Ha anunciado que impondrá aranceles de 25 por ciento a las importaciones de acero y de 10 por ciento a las de aluminio. La medida hará daño a todo el mundo, pero las primeras víctimas serán los consumidores estadounidenses. Sólo la ignorancia justifica la frase de Trump: “Las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar.” Un arancel punitivo elevará los precios de los productos que llevan acero o aluminio. No sólo subirán los precios de los bienes con insumos importados, sino también los producidos con materia prima local, porque la falta de la disciplina de la competencia extranjera permitirá aumentos fuertes.

Quienes no entienden de economía piensan que la medida cuando menos beneficiará a las empresas estadounidenses. Es falso. Los productores estadounidenses de automóviles y otros productos tendrán costos mayores y esto les hará más difícil competir. Verán reducirse sus márgenes a cambio de una inyección temporal de recursos a los productores de acero y aluminio. La aplicación de aranceles compensatorios por otros países, reducirá la demanda y el volumen de comercio en todo el mundo. Algunos productores reemplazarán el acero y el aluminio por insumos más baratos. Al final, los propios productores estadounidenses de acero y aluminio se verán afectados. Esta película ya la vimos. En 1930 Estados Unidos elevó los aranceles a más de 20 mil productos con la Ley Smoot–Hawley que buscaba incrementar la producción interna en un momento en que el país sufría los efectos de la recesión de 1929. Los países que comerciaban con la Unión Americana respondieron con represalias y el comercio se desplomó por doquier. La recesión estadounidense se convirtió en una Gran Depresión mundial. El presidente Trump no se avergüenza de exhibir públicamente su ignorancia económica. En Twitter proclama: “Debemos proteger a nuestro país. Nuestra industria del acero está en malas condiciones. SI TÚ NO TIENES ACERO, NO TIENES PAÍS.” La verdad; sin embargo, es que los países desarrollados producen cada vez menos acero porque éste es un commodity, una mercancía fácil de producir que enfrenta gran competencia y escasos márgenes. En cambio, los productos que se fabrican con acero y con aluminio tienen más complejidad, más valor agregado y mayores márgenes de utilidad. No tiene sentido castigarlos por la industria básica. Trump está recurriendo a una ley que permite al ejecutivo establecer límites temporales a las importaciones por razones de seguridad nacional, pero las fuerzas armadas no han solicitado la medida. Al contrario, saben que un aumento en los precios del acero y el aluminio elevará los costos de sus armas y por lo tanto su capacidad de defender al país. Como los mercantilistas del siglo 19, Trump cree que el comercio es un juego de suma cero en el que los avances de una parte perjudican a los demás. Es incapaz de entender que el comercio genera prosperidad para todos. El resultado de su ignorancia puede ser una guerra comercial internacional como la que creó la Gran Depresión.

 

El consumo

En 2016, 30.1 por ciento del acero consumido en Estados Unidos fue importado contra 34.4 por ciento en 2014. La producción estadounidense de acero crudo se redujo 11 por ciento, porque el consumo bajó de 117 a 99.7 millones de toneladas (trade.gov). Subir los precios no ayudará a la industria. El problema es el consumo, ¡estúpido!

 

Twitter: @SergioSarmiento


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