Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento

“Lo mejor que hace nuestra industria es borrar la línea en la arena.”

Guillermo del Toro

 

Este domingo, tras recibir el Óscar a mejor película, el cineasta tapatío Guillermo del Toro recordó que creció en México viendo películas extranjeras. En el primero de sus dos discursos, se asumió como inmigrante y afirmó que el papel del cine debe ser borrar fronteras, esas líneas en la arena que no significan nada. Hubo un tiempo en que la declaración de un cineasta mexicano de haber crecido viendo cine extranjero habría sido repudiada por grupos que tuvieron gran fuerza en la burocracia cultural de nuestro país. Para este grupo, el nacionalismo debía prevalecer en el cine. Proponían que el gobierno tomara medidas para restringir la exhibición de películas extranjeras y que, además, usara el dinero de los contribuyentes para subsidiar esta actividad. Todavía hay comentarios en redes sociales que reflejan esta visión nacionalista y proteccionista. Ayer hubo cuestionamientos a Del Toro porque no dijo nada en español, porque su película no es realmente mexicana, porque no vive en el país. De igual manera, la cinta Coco de Disney Pixar, que ganó los premios a mejor cinta animada y mejor canción, fue cuestionada por no ser mexicana y por ofrecer una visión falsa de la vida en nuestro país.

Quienes ofrecen estos cuestionamientos están asumiendo una posición similar a la de Donald Trump, quien en 2015 tronó contra la Academia Cinematográfica por haber permitido que un cineasta mexicano, Alejandro González Iñárritu, se “robara” todos los premios. Las políticas nacionalistas; sin embargo, han resultado un fracaso. En el comercio exterior o en la migración impiden la creación de riqueza y la contratación del mejor personal posible en las actividades productivas. En México la intervención gubernamental en la industria del cine, al congelar los precios de las salas de exhibición y meter al gobierno a producir películas, coincidió con una época de declinación del cine en nuestro país.

El renacimiento del cine mexicano, si entendemos que se trata del creado por artistas de nuestro país, ha venido paradójicamente de la globalización y no de las medidas nacionalistas y proteccionistas propuestas por los seguidores de Trump en nuestro país. Salma Hayek migró a Hollywood, donde primero alcanzó fama como actriz y después se hizo productora. Directores como Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu han dominado los premios Óscar en los últimos años. Camarógrafos como Emmanuel Lubezki y Rodrigo Prieto han dejado también su huella en Hollywood.

Ante los nacionalistas que se tiran de los cabellos y dicen que estos mexicanos simplemente han vendido su alma al diablo de Hollywood, podríamos señalar que la fortaleza de la industria cinematográfica estadounidense se ha debido a su capacidad de absorber a talentos de otros países. De la misma manera, la cerveza y el tequila de México han alcanzado mercados mayores por sus alianzas con empresas de otros países.

Los intereses más reaccionarios siguen levantando sus banderas. En México los proteccionistas quieren imponer cuotas al cine extranjero. En Estados Unidos, Trump quiere imponer aranceles al acero y al aluminio y detener la inmigración de ese talento mexicano que ha nutrido la producción agropecuaria e industrial y también a la industria del cine. Del otro lado hay cineastas universales como Del Toro, quien busca borrar esas líneas en la arena que llamamos fronteras, como la de México y Estados Unidos que Carlos Fuentes describió como “ilusoria, de cristal, porosa”.

 

PGR y Anaya

Si la PGR tiene pruebas de que Ricardo Anaya ha cometido algún ilícito, ¿por qué no lo consigna? Nadie debe ser impune, pero hasta el momento la impresión que queda es que se está involucrando al candidato en una investigación simplemente por razones políticas.

 

 

Twitter: @SergioSarmiento


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