RUTH LILIANA MÉNDEZ MORENO*
RUTH LILIANA MÉNDEZ MORENO*

Se creía que Amparo Dávila había nacido en el Pinos de 1928, pero en realidad fue en 1929. Ella es una de las escritoras regionales más conocidas. Nació en un pueblo llamado Pinos, entre Zacatecas y San Luis Potosí. Su primer acercamiento a la literatura fue Don Quijote de la Mancha y La Divina Comedia. Se cree que debido a tales lecturas es que sus cuentos son trágicos, inclinados en temas oscuros que involucran la muerte. Ella se siente familiarizada con ciertas  emociones que podemos encontrar en su obra, por ejemplo la pérdida de sus hermanos, de muy joven, es un halo que se percibe en toda su narrativa.

Cuando le comunicó a Alfonso Reyes (Monterrey, 1889-1959), alguien tomó el papel de maestro y guía, las intenciones de volverse escritora, Amparo decidió mudarse a lo que entonces era el Distrito Federal, convirtiéndose en secretaria del autor, que la alentó a escribir. Gracias a ello escribe su primer libro envuelto de misterio, como la propia autora. Al tema de que estuviera casada con Pedro Coronel (Jerez, 1923-1985) es un pie de página que algunos de sus críticos han querido resaltar con negrillas. Sus cuentos están impregnados de lo siniestro y lo fantástico dentro de lo cotidiano.

Dávila no siente que haya pertenecido a una corriente literaria específica, sin embargo algunos críticos la sitúan como parte de «La generación de medio siglo», a la cual pertenecían varios autores de renombre, como Carlos Fuentes (Panamá, 1928-2012).

Arboles petrificados ganó el premio Xavier Villaurrutia. Este trabajo es considerado su obra cumbre porque la descripción y ambientación te transportan a lugares oscuros, lúgubres que hacen que el lector no pueda dejar de leer.

En los ochenta, la autora era considerada un misterio.

Arboles petrificados contiene doce narraciones. En ellas nunca se sabe lo que realmente está pasando, muchos finales son abiertos e intrigantes, lo cual es característica privativa en la narrativa de la autora. Los temas de muerte, desesperación, locura y trastornos mentales son comunes, pero ningún cuento es semejante al otro, aunque las temáticas sean parecidas. Los cuentos, conforme se va avanzando en la lectura, hacen que surjan dudas y la mayoría no se resuelven. Siempre se sabe que pasa algo o que hay algo, pero nunca se sabe realmente qué.

Y, ahora que tiene estos apuntes, le recomiendo leerla. O no, si algún temor guarda.

*Estudiante de la Licenciatura en Letras, UAZ


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