Alexa Carrillo*
Alexa Carrillo*

El Mineral de Fresnillo es reconocido como un centro mundial en producción de plata. El reconocimiento es desde el siglo XVI. La comunidad entonces integraba las minas de San Demetrio, en Plateros, y los tiros del cerro de Proaño. Esta situación colocó a El Mineral como un punto intermedio de tránsito, así lo explicó arquitecto Jaime Arturo López Cervantes, subdirector de Investigación Histórica del municipio.

Una casa, la que pervive desde aquellos años fundacionales, es la construcción que está en la esquina de las calles Emiliano Zapata, antes calle Real y la Belisario Domínguez. El lugar es parte de las edificaciones viejas de El Mineral de Fresnillo. Se distingue por contar con dos pisos de construcción desde sus primeros años, igual que la presidencia municipal.

La casa era parte del Camino Real de la Plata, la vía conectaba el presidio y las minas de San Demetrio. Era entonces un referente de entrada y salida de Fresnillo; y es tan vieja como los templos de Nuestra Señora del Tránsito y Nuestra Señora de la Purificación.

 

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Cuando el gobierno de Francisco García Salinas activó las minas, la vieja casa se convirtió en una fábrica de pastas y fideos. Su producción abasteció a la creciente población; luego sería el Hotel Ortega.

El edificio tuvo modificaciones hechas a mediados del siglo XIX. El estilo arquitectónico de la casa es neoclásico, con reflejos de la cosmovisión tardía de Europa; el interior es estilo andaluz, propio de las regiones de España que se apropiaron de América, ya que el diseño con un patio central, permite aclimatar las habitaciones de manera regular y se adecúa a las necesidades de los territorios latinoamericanos.

El declive económico del estado, por pérdidas en la minería y derrotas políticas, provocó que “la familia Ortega perdiera beneficios económicos y tuviera mermas, por lo que se vio en la necesidad de abandonar la casa”, explica el arquitecto López Cervantes.

En los años del auge minero que generó la administración empresarial de José González Echeverría, en la década de 1850, no se tiene con precisión el destino de la casa del Camino de Tierra Adentro; refiero los años de construcción del teatro y la escuela de minería, ahora Ágora.

 

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En los inicios del siglo XX, la casa fue habitada por la familia Valle. Entonces parte del edificio fue un club social; también fue sede de una logia masónica y un centro escolar.

María Auxilio Rodríguez Valle, propietaria desde 1991, relata que cuando su madre falleció: “El doctor Efrén Correa Magallanes me explicaba que la planta alta de la casa se convertía en un salón de baile, donde cantaban por horas, cuando la casa tenía función de club social; mi padre –decía él– formaba parte de la logia masónica y un tío fue presidente del municipio, no se tienen referencias de lo dicho, pero forma parte de la historia de esta construcción”.

La escritora Rodríguez Valle describe que la casa se extendía entre las calles Belisario Domínguez y Heroico Colegio Militar; pero se decidió vender la esquina de la casa y la parte trasera de la construcción, donde se encontraba una alberca y los vestidores. Actualmente la casa conserva la duela original, las paredes altas construidas con adobe.

Agrega la autora de los poemarios Tócame y Mi huella: “Venir de vacaciones era algo especial, era el mejor lugar donde se podía vacacionar, la tranquilidad era característica principal del municipio, se podría andar de un lado a otro en ferias y reuniones familiares sin ninguna preocupación, y en la casa de igual manera se podía respirar ese ambiente”.

María Auxilio Rodríguez Valle habitó de manera completa la casa tras jubilarse y señala: “es parte fundamental para la inspiración de mi obra literaria”.

 

*Periodista. El Diario NTR


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