Alberto Chiu
Alberto Chiu

Según las cifras dadas a conocer por el INEGI a finales del año pasado, más de 400 mil zacatecanos presentan algún rezago educativo: poco más de 215 mil apenas han terminado la secundaria, unos 154 mil sólo tienen primaria, y hay más de 30 mil que no saben ni leer ni escribir, es decir, son analfabetas. Para el cerca de millón y medio de personas que habitamos este estado, eso significaría que al menos 1 de cada 4 zacatecanos está rezagado en su educación. Y es una cifra bastante desalentadora.

Lo es a la hora, por ejemplo, de buscar un empleo. O incluso de abrir un negocio propio. O cuando se piden al menos ciertas competencias para poder ganar un salario más digno, cuando ya se tiene un empleo de baja remuneración. Los requisitos para acceder a mejores condiciones económicas están ligados directamente a la educación, y ese debe ser un frente al que cualquier gobierno debería poner atención inmediata.

Según las proyecciones del Instituto Zacatecano de Educación para los Adultos (IZEA), se plantea que un 6.5 por ciento de esa población logre llegar al término de un grado de estudios, y si lo vemos objetivamente es una meta bastante baja, cuando se piensa –y se publicita constantemente– en atraer más empresas generadoras de plazas laborales, o impulsar los programas del emprendimiento y autoempleo.

Muchas veces se ha dicho que en Zacatecas hay mano de obra calificada suficiente para las industrias que se quieran instalar aquí. Pero sin duda hace falta mucha más dedicación y esfuerzo para que cada vez más personas tengan las herramientas de conocimiento y habilidades para convertirse en “atractivos” para esas empresas que pudieran asentarse en nuestra entidad. ¿Cómo le hará el gobierno para sacar adelante a más personas del analfabetismo o darles mejores estudios? Dicen que es cuestión de dinero…

Pero al mismo tiempo, es también cuestión de ampliar la visión del estado que queremos a futuro, y de la sociedad que nos planteamos tener (con la participación del gobierno y de la propia sociedad, claro está), y de reflexionar si estamos preparando a la gente con las correctas expectativas para su vida –personal y laboral– o simplemente se les está dejando llegar a los extremos de quedarse como ninis, o refugiarse en alternativas ilegales como la delincuencia para allegarse de recursos.

Muchas veces los políticos nos recetan discursos en los que nos “venden” la idea de que se dedicarán a hacer “gobiernos del empleo y la educación”, y a la buena hora vemos cómo los presupuestos públicos destinados a estos rubros no son ni los mínimos necesarios para ayudar a la gente a convertirse en entes productivos, preparados debidamente para el ingreso a las empresas o para empezar sus negocios.

Son muchos los casos de estudio de personas que, debido a la falta de preparación –incluso sobre la marcha–, tienen que cerrar o clausurar aquellos negocios que el gobierno les ayudó a crear, simplemente porque no estaban preparados para darles vida y sostenerlos, y luego no hubo nadie que les apoyara para no caer en los más comunes errores de administración, por ejemplo.

Sí, es cierto que avanza poco a poco la lucha por eliminar el analfabetismo, pero avanza demasiado lento, cuando en estos momentos hay quienes insisten en que se hace necesaria una fenomenal cruzada por la educación y la formación profesional de aquellos que, si no reciben este refuerzo, seguirán viviendo en condiciones deplorables y verán truncas muchas de sus aspiraciones.

Hace falta, urge, poner atención a este rubro en el que nuestro país, tristemente, se distingue por destinar pocos recursos públicos. Y en el que, por otro lado, destina la mayoría de ellos a sostener el aparato burocrático y al gremio magisterial. ¿Hacen falta pues más profesores, o quizás hace falta que los que tenemos hagan un mayor esfuerzo por la sociedad? La pregunta sigue en el aire, mientras muchos zacatecanos siguen en el atraso. A ver hasta cuándo.


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