Alberto Chiu
Alberto Chiu

Casi a punto de terminar su gestión en la LXII (62) Legislatura del estado, finalmente ayer parecería que los diputados se dieron cuenta y reconocieron –o se vieron obligados a reconocer– que se la han pasado pachangueramente y, para desgracia de la población, no han trabajado todo lo que deberían. Que han estado de flojonazos, pues.

Al menos así lo dijo –palabras más, palabras menos– la diputada María Elena Ortega en la tribuna más alta de la entidad, al momento de elevar un hilarante punto de acuerdo con el que pretende exhortar, a sus propios compañeros legisladores… a trabajar. A que las comisiones que no se han reunido, lo hagan. A que dictaminen todas aquellas iniciativas que tienen enfriadas desde hace meses en la congeladora. A que sesionen con mucho más ahínco. ¡Ja! Hilarante.

Más hilarante todavía, de risa loca, fue enterarnos ayer mismo de que por ejemplo apenas la Legislatura resolvió el caso de una reposición de procedimiento para nombrar contralor en el municipio de Florencia de Benito Juárez… ¡siete meses después de que el cabildo de dicha demarcación interpusiera una inconformidad ante los diputados! Vaya llamado a trabajar, al tiempo que dan muestras de que no lo hacen.

Como para agregarle más elementos al irrisorio caso del trabajo legislativo –que efectivamente le ha quedado muchísimo a deber a la ciudadanía–, ayer mismo en la sesión ordinaria que celebraron nuestros diputados se armó una bonita discusión protagonizada por Luis el Oso Medina Lizalde, quien también intentaba elevar exhortos varios, y acabó “desplomándose” al decir que a fin de cuentas ni caso tenía exhortar y exhortar, pues son como los llamados a misa y nadie les hace caso. Deplorable… pero cierto de toda certeza.

El tema del rezago legislativo, ciertamente, no es privativo de la actual Legislatura. Es un asunto que se va heredando de unos diputados a los que siguen, y por triste que parezca no se le ve salida pronto. Son demasiados los intereses políticos y de grupo que, un día sí y al otro también, se van interponiendo en cualquier mesurada intención de abatirlo. Por una u otra razón –casi siempre de índole partidista o incluso político-electoral–, hay iniciativas que duermen el “sueño de los justos” y muy a menudo son usadas como moneda de cambio para evadir temas espinosos, o para ganar prebendas, o para disponer de recursos.

Pero ¿quién es quién a la hora de evaluar el desempeño de nuestros diputados? ¿A quién le correspondería, en todo caso, calificar su eficiencia y eficacia en la elaboración de leyes adecuadas a nuestra cambiante sociedad? ¿Cómo se les evalúa y, mejor aún, cómo se podría sancionar a aquellos que voluntariamente –dolosamente– atoran las iniciativas ya sea por decisión de sus cúpulas partidistas o, peor aún, por los designios del Ejecutivo en turno?

Está en entredicho no sólo su efectividad legislativa, como dijo la propia diputada Ortega, sino también su famosa “independencia” como Poder autónomo, y sólo nos dan muestras una y otra vez de la sumisión ya no sólo a quien detenta el poder temporal en la gubernatura, sino a los grupúsculos que desde los diversos partidos tejen y destejen la madeja política. Están en entredicho todos, tanto por sus acciones como por sus omisiones, y vaya que son muchas.

Diversos grupos de la sociedad civil –organizada o no– han elevado la voz en innumerables ocasiones para reclamar, precisamente, que hay iniciativas atoradas en los escritorios de alguna de las comisiones legislativas. Para señalar que hay comisiones que ni se reúnen, y cuando lo hacen, no tienen la capacidad de diálogo, ni de debate, ni de acuerdo, ni de concertación, para lograr algún consenso benéfico para la sociedad, y acaban reuniéndose nomás por compromiso.

Suena a chiste, de veras, que a estas alturas del partido haya quien –como la diputada Ortega– exhorte –como llamado a misa– a sus compañeros a ponerse a trabajar al cuarto para las doce, a sabiendas –porque lo deben saber– de que será prácticamente imposible abatir el rezago legislativo, sobre todo con un proceso electoral en curso y en medio de todas las negociaciones que dicho proceso trae consigo. Ojalá de veras se pusieran a trabajar.


Nuestros lectores comentan

  1. Cuando estos parasitos de la política an trabajado? hasta ahora se dieron cuenta? Si no existieran estos bichos de la política no se estrenarían ni falta que hacen.como dice el corrido:DESPIERTEN YA MEXICANOS.