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CIUDAD DE MÉXICO. Para sacarle jugo a este puente, nada mejor que una buena dosis de decibeles, alcohol y mucho… ¡pero mucho cardio!
Esta fue la mezcla preferida por las 80 mil personas que atascaron ayer la segunda jornada del Vive Latino y quienes vivieron una grata experiencia musical, sobre todo, familiar.

Niños rapados como Residente, jóvenes tatuados al estilo de Cartel de Santa, hipsters devotos de Gorillaz y borrachos nostálgicos en búsqueda de Fito Páez se aglomeraron en un Foro Sol a reventar.

La fiesta musical se congregó definitivamente en el Escenario Indio.

Ahí, a las 23:40 horas, Gorillaz creó un éxtasis producto de la energía más escuchas (y de varias sustancias alucinógenas), durante un esperadísimo show que destacó por lucir más a los 30 músicos y creadores de la banda, por encima de los personajes animados que los representan.

Pero fue justo cuando los ficticios 2-D, Noodle, Murdoc y Russel (materializados en la voz real de Damon Albarn, líder de Blur) aparecían en la pantalla LED gigante para cantar rolas como “Tomorrow Comes Today”, “19-2000” y “Clint Eastwood'” cuando la gente verdaderamente enloqueció.

La vena contestataria y urbana fue de Residente al iniciar el “Baile de los Pobres”, para después celebrar “El Aguante” de los mexicanos y de “Latinoamérica” entera.

En esa sintonía, las Pussy Riot elevaron el punk feminista en la Carpa Doritos con un desenfreno sexy y caluroso, así como con consignas pidiendo justicia por las muertas de Juárez y la desaparición de los 43 de Ayotzinapa.

El contraste fue evidente conforme corrió el programa: Queens of the Stone Age invitó al “headbanging”, con el vocalista Josh Homme regalando rolas como “Walk the Night” y “No One Knows”; mientras que el argentino Fito Páez, de 55 años, relajó el mood y suavizó a la gente del Escenario Escena Indio con clásicos como “El Amor Después del Amor” y “Al Lado del Camino”.

El público, en su mayoría veinteañeros y adultos rumbo a los 50, se sumergieron en una fuente refrescante de bebidas.

Chelas (de 110 pesos), anforitas de pulque (de 80) y shots de mezcal frío (a 60), además de cubas de ron y whisky en diversos puntos del coso, se distribuyeron a granel.

Los tacos de canasta, esquites, tortas de arrachera, burritos de chorizo y hamburguesas armaron el buffet predilecto por el que se hicieron colas.

Ni siquiera el aroma, una mezcla de humo de mota con el de bisteces a la plancha, tufo de orines de los baños y de mucho sudor, denostó el ambiente.

El encuentro musical tuvo un aire incluyente: los más pequeños rolaron felices en el parque y los juegos mecánicos, las señoras y los crudos retozaron en las hamacas, y los más rudos armaron el slam.

Para los que la música no era lo suyo, la Carpa Ambulante proyectó documentales y en la Carpa Casa Comedy se dieron lecciones de humor.

Incluso, hasta hubo ¡botargas de dinosaurios metaleros! en una sesión sonora en la que participaron 45 artistas para dejar constancia de una edición digna de recordar.


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