Genaro Lozano
Genaro Lozano

Gabriela Cuevas tuvo un golpe de suerte en 2012 cuando llegó al Senado y se hizo de la presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores, el máximo órgano del Senado en materia de política exterior y por donde pasaron antes Rosario Green o Fernando Solana, ambos ex cancilleres de México. Desde ahí, la senadora pudo hacer de su comisión un referente. La Constitución da al Senado responsabilidades en materia de política exterior en sus artículos 76 y 89. Con tales facultades, el Senado supervisa la política exterior al vigilar que ésta sea elaborada por el Ejecutivo de acuerdo con los principios de autodeterminación, no intervención, solución pacífica de controversias, igualdad jurídica de los Estados, proscripción del uso de la fuerza, lucha por la paz y cooperación internacional. El Senado también aprueba tratados internacionales y ratifica nombramientos diplomáticos. Al inicio del gobierno de Peña Nieto, la política exterior mexicana tenía varios pendientes y hacia el final de su sexenio enfrenta retos. En el 2012 una de las tareas obligadas era mejorar la imagen de México. El sexenio de Calderón dejó una pésima imagen global por la guerra contra el narco, con operativos de la Guardia Nacional en la frontera y con un distanciamiento de América Latina. José Antonio Meade fue el primer canciller de Peña y tuvo una política exterior de indefinición. Mientras Meade estaba interesado en los temas de comercio, el mundo vivía crisis como Siria, un acuerdo nuclear EUA–Irán, crisis política en Venezuela y Guatemala y una nueva relación EUA-Cuba. Meade también fue el encargado de recibir y atender al Grupo de Expertos Independientes por el caso Ayotzinapa. Meade no figuró en la SRE, no mejoró la imagen de México y la senadora Cuevas no cumplió con su trabajo de supervisarlo. Después vino Claudia Ruiz Massieu, quien se concentró en mejorar la imagen de México en el mundo, en impulsar el llamado poder suave y no le fue mal, pero descuidó los temas duros y no pudo con el torbellino que se formaba en EUA con Trump. En esta crisis, a la canciller la ignoraron y pronto se dio el relevo en el hombre de confianza del Presidente. Luis Videgaray administraría la crisis y su amiga la senadora Cuevas fracasó en llamarlo a rendir cuentas por la visita del candidato Trump y todo lo que siguió. Como presidente de la comisión, a la senadora Cuevas le tocaron tres cancilleres. Su paso por el Senado fue irrelevante. Solo dejó un rezago legislativo de 25 iniciativas, de acuerdo con la Gaceta Parlamentaria, incluida una de delimitación de frontera marítima con EUA que simplemente ella se negó a firmar, según versiones de senadores. Cuevas presume como logro la aprobación de una reforma en materia de refugio, tal vez su único legado, pero lo único que realmente tiene son múltiples millas acumuladas de su turismo legislativo y grillas para quedarse de presidenta de la Unión Parlamentaria Internacional (UPI), un organismo con sede en Suiza en el que legisladores mundiales se reúnen a platicar, básicamente. Cuevas se coló a Morena presumiendo la presidencia de la UPI, pero realmente fue la SRE la que trabajó el tema. Algunos diplomáticos cuentan que Cuevas usaba su poder de ratificar embajadores como moneda de cambio para que la apoyaran con lo de UPI. En parte por ello, México no tuvo embajadores en Rusia, EUA y el Reino Unido por varios meses. Vivimos momentos de desafíos por los retos globales que enfrenta México y por la elección presidencial. Nuevamente la Guardia Nacional está en nuestra frontera con EUA, la renegociación del TLCAN sigue en vilo y el sexenio está por concluir. Tres cancilleres dejaron un mal legado en seis años y parte importante de ese fracaso recae en las omisiones de la senadora Cuevas. Sería una enorme irresponsabilidad premiar a la viajera con suerte con cargos en la SRE en un gobierno de AMLO.

 

@genarolozano


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