Manuel J. Jáuregui

 

Si como se dice “la esperanza es lo último que muere”, en nuestro México Mágico ya está agónica. ¡Qué bárbaros! Hasta el arte de simular hemos perdido, porque ahora las transas son abiertas, cínicas, descaradas: no sólo vemos al títere, ¡sino también al titiritero! Tenemos al TRIFE que se pasa por el arco del triunfo las graves observaciones sobre ilegalidades en la recaudación de firmas para subirse a la boleta presidencial por parte del Sr. Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón que le hizo el INE. Se asoma la conveniencia política, la injerencia del poder en cuando menos cuatro de los siete magistrados del TRIFE, y tutti (o casi) contenti con la barbaridad que es ignorar un catálogo de ilegalidades en la obtención del registro descubiertas por el SUPREMO organismo electoral del País que es el INE. Créannos, amigos lectores, que nos vale una pura y dos con sal que el Sr. Rodríguez sea o no candidato presidencial. Lo que sí nos debe importar a todos es la CERTEZA jurídica, la legalidad, el hecho de que a nadie –quesque porque se violó su derecho de audiencia– le sea concedida impunidad absoluta para emplear medios indebidos adelantando con trampas su causa política personal. Con la absurda decisión del TRIFE dándole un revés al INE, que descubrió numerosas animalías (son anomalías plus), se pone en duda su imparcialidad, lo cual hace de nuestras elecciones una farsa rayando en tragicomedia.

Todo con el TRIFE es AL REVÉS de lo que dice el INE, de manera que aparenta estar de adorno nuestro Instituto Nacional Electoral. Mientras el TRIFE luce como una extensión del Poder Ejecutivo, al que si le conviene mantener en la boleta a alguien, quesque para quitarle votos a AMLO o a Anaya, se lleva trancas con tal de imponer la conveniencia política del momento. Pero eso no es nada, al día siguiente del fallo–farsa del TRIFE, en el Pleno de la Cámara se aprueba la llamada “Ley Chayote”, o sea, la mal nombrada Ley de Medios, la cual supuestamente, y por ordenamiento de la Suprema Corte, debió ser legislada por nuestro Congreso para evitar el ABUSO discrecional en el gasto del dinero del pueblo en la autopromoción de los funcionarios en el poder. Lo cual no se logra con esta Ley, pues queda completamente vaga: vaya, no legisla lo que se le ordenó que legislara. Burla tras burla al pueblo, la consigna es darle rienda suelta al disimulo topen llantas o chillen chivas (es al revés, pero como todo en México anda de cabeza, también lo está este dicho popular). ¡Ah, pero eso sí, el grupo en el poder puede madrear al pueblo hasta que se canse, simulando estar dispuesto a terminar con sus abusos, y entre burla y chascarrillo sigue pidiendo su VOTO! Pobre don Pepe Toño Meade, quien es el que la va a llevar, pues en él descargará el ciudadano su desilusión con tanto CINISMO oficial perpetrado por el PARTIDO que lo postula. Y luego se preguntan por qué sigue en TERCER lugar en las encuestas.

Quienes lo postularon han hartado hasta el cogote a la gente, pasándose de listos, de gañanes, haciendo que la ciudadanía pierda la ESPERANZA, que se torne desconfiada, que no crea en nadie ni en nada. Mucho daño están haciendo al País, entre otras cosas DESTRUYENDO la confiabilidad de las instituciones. Y no hablamos de instituciones secundarias, sino de las responsables de salvaguardar la DEMOCRACIA. Concepto por el que se ha luchado en México incansablemente por décadas, que por fin se logró –cuando menos en las urnas– en el 2000, pero que está en riesgo de caer de nuevo en el apartado de la “democracia simulada”, llevada a estos reductos vergonzantes por las conductas del TRIFE y la Cámara al darle forma no a la legalidad, sino a lo contrario: a la ilegalidad, a la impunidad, a la discrecionalidad de los funcionarios en el gasto del dinero del pueblo. Ya lo dijo Einstein: Locura es hacer siempre lo mismo, esperando un resultado diferente.

La conducta que los ha llevado a ocupar el tercer lugar en las preferencias electorales no es la que los llevará al primer lugar.

Así que ¡síganle, genios, que van muy bien!


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