SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“Es mejor arriesgar que se salve un culpable que condenar a un inocente.”

Voltaire

Nos dijeron que con el cambio del sistema penal inquisitorial, a uno acusatorio y garantista, se respetaría por fin en México la presunción de inocencia. La verdad; sin embargo, como lo saben tantos mexicanos sin influencias, es que en nuestro país primero se castiga y después se averigua. La muestra de hoy es el caso de José René Bárcenas Ramírez, coordinador de educación a distancia, modalidad abierta, del Tecnológico de Estudios Superiores de Chimalhuacán. El maestro es casado, con dos hijos; vive desde hace años junto al apartamento de sus padres y carece de antecedentes penales. Sin embargo, está en la cárcel por un testimonio falso de un testigo que nunca se presentó a ratificar su declaración.

De nada sirve el cúmulo de pruebas que apuntan a su inocencia. El profesor debe permanecer en la cárcel en espera de que aparezca nuevamente el testigo y sin posibilidad de enfrentar el juicio en libertad bajo fianza. En México no hay presunción de inocencia, se sigue castigando antes de juzgar.  Al maestro Bárcenas se le acusa del homicidio por arma de fuego de Alfredo Martínez Velázquez el 22 de diciembre de 2017 en Acuitlapilco, Chimalhuacán, estado de México. La víctima tenía antecedentes penales, estaba en libertad condicional y había recibido amenazas de muerte de la familia de su pareja.

Tres días después apareció de manera espontánea un supuesto testigo, Miguel Ángel Matus Hernández, quien declaró que en la noche del crimen vio un Chevy blanco con franjas negras, del cual se bajó el maestro Bárcenas para disparar contra la víctima. Matus Hernández dice que identificó claramente al agresor pese a ser de noche y estar a una distancia de entre 45 y 50 metros. El maestro Bárcenas fue detenido el 9 de marzo de 2018 al salir de su trabajo en el Tecnológico de Chimalhuacán mientras se dirigía a su domicilio. De poco le sirvió señalar que el día del homicidio se encontraba en casa con su esposa e hijos, que el vehículo que describe el testigo no es de su propiedad, que no posee ningún arma, que no conocía ni al occiso ni al acusador. El testigo, que afirmó que sí lo conocía, señaló; sin embargo, que el maestro vivía en un lugar a ocho kilómetros de distancia de su verdadero domicilio, ubicado en la colonia Santa María Nativitas de Chimalhuacán. Con el docente detenido, Matus Hernández fue citado a ratificar sus declaraciones el 15 de marzo, pero no se presentó. Aun así, el juez de control, Felipe Reyes Hernández de Ciudad Neza, vinculó a proceso al maestro y dio al ministerio público dos meses para completar la investigación. En el injusto sistema mexicano, esto significa que el acusado deberá permanecer en la cárcel, con todos los costos económicos y personales, mientras se determina si hay alguna prueba en su contra. En un país en el que realmente se respetara la presunción de inocencia, el maestro no habría sido vinculado a proceso o estaría enfrentado el proceso en libertad. La única prueba en su contra es la declaración de un testigo que mintió y no ratificó su dicho. La vivienda donde ha vivido más de 34 años puede ser garantía de una fianza. Sus vecinos y compañeros de trabajo testifican acerca de su carácter. En México se sigue manteniendo la presunción de culpabilidad. Todos somos culpables hasta demostrar lo contrario, pero incluso si demostramos nuestra inocencia, podemos ser encarcelados durante meses antes de ser juzgados. No hay justicia en un sistema que castiga sistemáticamente al inocente.

 

Premiar la mentira

El Tribunal Electoral debió ser el garante de la confianza en las elecciones, pero se ha convertido en la principal razón de la desconfianza. El fallo sobre El Bronco manda el mensaje de que el Tribunal premia la mentira y el engaño.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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