ADOLFO LUÉVANO*
ADOLFO LUÉVANO*

 

La literatura nazi en América es un homenaje al primer libro de cuentos de Borges, la Historia universal de la infamia, el cual a su vez está inspirado en las Vidas imaginarias, de Marcel Schwob”

 

 

 

 

La carrera de Roberto Bolaño no empezó con la publicación de su primer libro; ni con la del segundo ni con la del tercero ni con la del cuarto… El Roberto Bolaño que conocemos o creemos conocer, la figura de escritor en la cual pensamos cuando escuchamos o leemos el nombre Roberto seguido del apellido Bolaño, nació con la publicación de La literatura nazi en América, es decir, en 1996.

Es en este libro donde por primera vez aparecen claros tres elementos que marcarán el resto de la producción literaria de Roberto Bolaño, el grupo de libros que, redactados en menos de una década, lo colocarán como el narrador más destacado de su generación, como el escritor con el cual cierra el siglo XX de las letras hispanoamericanas, el adiós definitivo para el Boom. Tales elementos son, en primer lugar, la inclusión del propio autor en sus narraciones, desde luego bajo la forma de un personaje más o menos ficticio; enseguida, la conversión de la vida de los poetas en un motivo de sus relatos y al final, merced a la frecuencia, en una suerte de símbolo literario; por último, el tratamiento del mal como el agente que pone en marcha a sus mejores historias.

La literatura nazi en América es un homenaje al primer libro de cuentos de Borges, la Historia universal de la infamia, el cual a su vez está inspirado en las Vidas imaginarias, de Marcel Schwob. Bolaño lo sabía, tanto así que por ello eligió como epígrafe las siguientes palabras de Augusto Monterroso: “Cuando el río es lento y se cuenta con una buena bicicleta o caballo sí es posible bañarse dos (y hasta tres, de acuerdo con las necesidades higiénicas de cada quien) veces en el mismo río”. Este río ya no es el de Heráclito, evidentemente. Debemos entender que aquí el río es la tradición iniciada por Marcel Schwob, un río en el cual se han bañado no sólo Borges y Bolaño sino también Alfonso Reyes y Julio Torri, lo mismo que Javier Marías e Ignacio Martínez de Pisón, cuando menos. Para bañarse en sus aguas, hay que crear ficciones cuya apariencia sea de pertenecer a la realidad efectiva. Siguiendo tal receta, apropiándosela, Bolaño ha creado decenas de biografías falsas, pertenecientes a escritores de origen latinoamericano o procedentes de otras latitudes, todos con actitudes filo-nazis.

El homenaje al libro de Borges se puede apreciar también en la estructura de La literatura nazi en América: como el del célebre argentino, el libro de Bolaño se compone de tres secciones: primero un grupo de narraciones semejantes entre sí tanto por el tamaño como por el estilo deliberadamente enciclopédico, desapegado, con el cual están narradas; luego un relato que se distingue de los anteriores por ser de mayor extensión pero, más importante todavía, por el tono íntimo, de testigo, con el cual se presenta; y una última sección titulada “Epílogo para monstruos” (equivalente al “Etcétera” de la Historia universal de la infamia), donde se ofrecen tres listas que acusan la capacidad desbordada de Bolaño para crear personajes y bibliografías.

En 1954 Borges dijo respecto a su primer libro de cuentos que el mecanismo que lo hacía andar era el barroquismo, entendido éste como una actitud humorística cuyo propósito consiste en agotar las posibilidades de un estilo. De acuerdo a Borges, esa pretensión puede ser consciente o accidental y, en cualquier caso, se caracteriza por aproximar a cualquier estilo a su propia caricatura. Efectivamente así debió ocurrir con el primer barroco, el arquitectónico, el cual surgió a partir de los experimentos promovidos por un grupo de jesuitas italianos para desafiar al estilo clásico pero, desde luego, sin la intención de romper totalmente con él. Ahora bien, si acaso el autor barroco consigue llevar dicha pretensión hasta sus últimas consecuencias, entonces podemos suponer la generación de un estilo nuevo: la caricatura del anterior. De este modo, la Historia universal de la infamia jugó con la posibilidad de agotar el estilo enciclopédico, pero Borges no llegó a crear con sus primeros cuentos una caricatura de este estilo, como tampoco lo hizo Marcel Schwob. Bolaño, en cambio, sí se propuso recalcar los trazos de esa caricatura bocetada hasta entonces. Y lo consiguió.

El lector despistado, tal vez, esperaría encontrar en las páginas de La literatura nazi en América a Leopoldo Lugones o a José Vasconcelos –por mencionar un par de ejemplos particularmente conocidos y aún escandalosos–, quienes en su momento se mostraron a favor, si no de todo el movimiento nazi, sí de algunas de sus ideas o de ciertos gestos suyos. No obstante, el carácter lúdico del libro pronto emerge y rompe con cualquier expectativa de este tipo. Si no se ha leído con atención la introducción al libro (donde Bolaño promete al lector “una antología vagamente enciclopédica de la literatura filo-nazi producida en América desde 1930 hasta 2010”), bastará con llegar al apartado dedicado a Willy Schürholz, quien, según la nota adjunta a su nombre, habrá de morir en el todavía lejano 2029, es decir, cuando el cuerpo de Bolaño, creador y profeta, cumpla veintiséis años de haber iniciado el proceso irreversible de la putrefacción. Todo es juego.

El texto más destacado de La literatura nazi en América es “Ramírez Hoffman, el infame”, cuyo título, por cierto, subraya la deuda con Borges. Se trata de un relato de mayor impacto, brutal, apenas tan absurdo y sanguinolento como el contexto en el cual se ubica: la dictadura de Augusto Pinochet. Su contenido se debate, para tomar una fórmula que con fortuna aparece en él mismo, entre “la broma o el poema”. Y al final acaso se inclina por los dos o por ninguno. En “Ramírez Hoffman” el autor aparece como personaje, antes de convertirse en Arturo Belano, ese trasunto literario que le dará un carácter unitario al resto de su producción. Al año siguiente, en el 97, Bolaño lo volverá a publicar bajo un título y un formato nuevos: la novela corta Estrella distante. Y con ello su destino como escritor será más claro y público. Su nombre y su apellido serán a partir de entonces una pieza que cae y completa el rompecabezas.

 

*Profesor y lector

 

 


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