Manuel J. Jáuregui
Manuel J. Jáuregui

Imaginen ustedes por un momento, estimados amigos, que son los directores de una gran empresa nacional, misma a la que le roban TREINTA MIL millones de DÓLARES al año, y que este robo se está incrementando a una tasa anual del 50 por ciento. Leyeron bien, 50 por ciento del 2016 al 2017. Pero además que ni la empresa misma ni las autoridades han tenido éxito en parar este robo sistemático que, lejos de frenarse, va in crescendo de una manera exponencial. Bueno, pues esta persona en cuyas babuchas se acaban ustedes de plantar es nada menos que el regio, Carlos Treviño, director general de Petróleos Mexicanos. El robo lo realizan los llamados huachicoleros, ayudados en muchos casos por el mismo personal de PEMEX, y –por supuesto– por el crimen organizado. Al son de 2 mil 274 tomas clandestinas en los gasoductos de la paraestatal, tan sólo en los DOS primeros meses del 2018, 38 por ciento más que durante el mismo periodo del año anterior. ¡Así de brava está la perra! En el Estado de Chihuahua, desde el año pasado, la PGR investiga a CUARENTA empleados de PEMEX en esa entidad de quienes se sospecha que le han estado ayudando a los huachicoleros a robarle combustible a la paraestatal. Ahora entienden ustedes por qué el Gobierno ha decretado los gasolinazos, para cubrir el hoyo financiero que le deja a PEMEX el robo sistemático de sus activos. Mismos que, por otra parte, han llegado a un nivel tal que están causando daño colateral en la frontera. Cuando la gasolina es más barata en Texas que del lado mexicano, la gente cruza la frontera sólo para cargar combustible y de pasada realizar algunas compras. Ello en perjuicio de la economía de la frontera. O sea que las repercusiones de todo este fenómeno resultan enormes y se manifiestan de muy diversas formas, todas o casi todas negativas para el desempeño de la economía mexicana. No hay forma de sacarle la vuelta al asalto que sufren los oleoductos y gasoductos de PEMEX, éste es un problema de gran magnitud e importancia. Estamos seguros que el director de PEMEX, Carlos Treviño –petrolero de carrera-–, es el primero y más interesado en ponerle fin a este robo de activos de manera tajante. ¿Pero en quién se tiene que apoyar? En los sistemas y personal interno de PEMEX que –en algunos casos– está en sociedad con los rateros, o en las autoridades locales, que éstas y la carabina de Ambrosio resultan la misma cosa, o en las federales, las cuales están también muy infiltraditas por los malitos y hasta el momento no han hecho otra cosa que demostrar su total incapacidad para acabar con este robo. ¡No tiene para dónde hacerse el director Treviño por más muina que le cause el atraco! Visto a distancia el problema salta a la vista que el descontrol en los activos de la paraestatal van a conducir a ésta, irremediablemente, a la RUINA. Ninguna empresa puede ser despojada de tan enormes cantidades de activos de manera sistemática y al mismo tiempo ser rentable. Tomemos en cuenta adicionalmente que no se trata de cualquier empresa, se trata de una que es crucial para la economía mexicana, una que aporta como el 30 por ciento del ingreso federal, pero que además sufre de grandes y graves problemas de ineficiencia. Es PEMEX hoy día una empresa que padece de EXCESO de personal, que le ha hecho enormes concesiones al sindicato, en la que pulula la corrupción y que año con año muestra una preocupante merma en la producción de crudo y que debe importar alrededor del 60 por ciento de las gasolinas que se consumen en el País. ¡Vaya chambón que le cayó en el regazo al Ing. Carlos Treviño!

Quien mínimo posee una virtud que mucho ayuda a quienes ostentan tan pesadas responsabilidades: ¡es bastante claridoso y franco! y no rehúye reconocer los problemas que enfrenta, los revela y los discute.

Aun con esto sacar a flote a PEMEX luce ser una labor titánica. Pero sin esta actitud claridosa esto resultaría imposible.


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