Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento

“Todas las encuestas negativas son fake news.”

Donald Trump

 

Hay otro candidato, y no es ni El Bronco ni El Jaguar. No está en la boleta, pero su presencia está marcando la elección. Se llama Enrique Peña Nieto. Toda elección es un referéndum sobre el gobierno en funciones. En este año, el gobierno federal lo está perdiendo. Peña Nieto tiene la aprobación presidencial más baja en la historia. En febrero registraba una cifra de apenas 21 por ciento. En el mismo mes de su último año de gobierno, Felipe Calderón tenía 52, Vicente Fox 63, Ernesto Zedillo 62 y Carlos Salinas 70 por ciento (Consulta Mitofsky). Peña Nieto no ganó la Presidencia con un mandato abrumador: obtuvo sólo 38.2 por ciento del voto. Sin embargo, en sus primeros meses en el poder logró cifras razonables de popularidad. En diciembre de 2012, al asumir el cargo, su aprobación era de 54 por ciento y subió a 57 en mayo de 2013. A nivel internacional logró el Mexican moment. Medios como el Financial Times, el New York Times, el Wall Street Journal, Le Monde y The Economist aplaudieron las reformas estructurales. La revista Time publicó una portada con su foto y el título Salvando a México. La popularidad del presidente empezó a bajar a partir de agosto de 2013, pero aun así mantenía niveles razonables. Todavía en agosto de 2014, en vísperas de su segundo informe de gobierno, su aprobación era de 47 por ciento. A partir de ese momento empezó una declinación gradual, pero sostenida, que alcanzó su nivel más bajo en febrero de 2017, 17 por ciento, inmediatamente después del gasolinazo. ¿Por qué a un presidente al que todo le salía bien empezó a caer en popularidad? Dos acontecimientos parecen haber marcado el inicio de esta caída. El primero fue el secuestro y aparente homicidio de 43 normalistas de Ayotzinapa en Iguala la noche del 26 al 27 de septiembre de 2014. El segundo, la revelación por Carmen Aristegui de que una casa extraordinariamente hermosa de la primera dama, Angélica Rivera, le había sido vendida por un contratista gubernamental, Grupo Higa. Estos hechos sirvieron para resaltar dos tendencias de fondo. Una era la persistencia y el crecimiento de la violencia; la otra, la corrupción, que parece haberse extendido como tumor en metástasis por el país. Peña Nieto, consciente de su impopularidad personal y la del PRI, optó por escoger a un candidato presidencial que no es miembro del partido. José Antonio Meade tiene una imagen limpia; pero en lugar de que haya limpiado la imagen del PRI, los cuestionamientos a Peña Nieto lo han afectado y mantenido en un lejano tercer lugar en las encuestas. El desplome de la popularidad de Peña Nieto parece producto de un fracaso de comunicación. Las reformas estructurales han sido en buena medida positivas. La financiera ha impulsado un fuerte crecimiento del crédito, la de telecomunicaciones ha generado mayor competencia y bajas de precios, la laboral ha ayudado a que el empleo formal crezca más que la economía, la fiscal por lo menos recaudó más dinero. El gobierno; sin embargo, no ha sabido explicar ni las reformas ni sus políticas. La reforma energética, por ejemplo, ha generado un incremento muy importante en las inversiones en el sector, pero para la gente común y corriente es la responsable del gasolinazo de enero de 2017 y por lo tanto inaceptable. El otro candidato, es cierto, no está en la boleta, pero se ha convertido en el lastre principal al que se enfrenta el candidato del gobierno.

 

Arrebatados

El viernes 13 por la noche me fue arrebatado un celular mientras esperaba un Uber en el centro de la Ciudad de México. Cuando comenté el caso ayer por radio, una compañera dijo que el suyo le fue arrebatado en el Metro y de inmediato empezaron a llegar reportes de otras personas que han sufrido el mismo robo. Es una epidemia.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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