CLAUDIO MONTES DE OCA/NTRZACATECAS.COM
CLAUDIO MONTES DE OCA/NTRZACATECAS.COM

ZACATECAS.- No paraba de contar los segundos que, sin pensar, se convirtieron en largas horas… llegué a la sala de Urgencias de la Clínica 4 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), “el Seguro”, como solemos decirle cotidianamente, aquél lunes a mediodía.

Entre las caras de desesperación me abrí paso entre los “impacientes” y me acerqué a preguntar dónde estaba el área de urgencias. Había pasado cerca de una hora desde mi accidente automovilístico en el bulevar metropolitano, cuando por fin me formé en la fila.

Recuerdo fijar la mirada en la pantalla del celular, justo cuando el reloj marcaba las 13:16 horas de ese lunes, en el que me desprendí de mis labores para atender un esguince en el cuello.

Al llegar a la ventanilla pregunté si podían atenderme, pues había tenido un accidente y quería asegurarme de que mi salud estaba bien. Apenas volteó su mirada, la señorita encargada dijo: “su cartilla por favor”, justo antes de que siquiera alcanzara a terminar mi frase.

Mi sorpresa fue al ver que me entregó un pequeño papel con el número 64 impreso, cuando de pronto una señora le preguntó a la paciente qué justo acababa de salir: ¿qué número tiene?, a lo que ella respondió: el 33.

Fue así que con el cuello lastimado busqué un asiento en esa pequeña sala, abriéndome paso entre los niños inquietos que daban ruido y vida al lugar.

Al no encontrar una banca procedí a sentarme en el suelo, justo al lado de la puerta del consultorio. La otra opción era permanecer de pie, pero entre el dolor del cuello y el cansancio, preferí limpiar el piso con mi pantalón.

Quedé justo expuesto a todos, de tal manera que pude ver cada uno de los rostros que esperaban en esa sala. De pronto escuchaba a una mujer preguntarle a otra cuánto tiempo llevaba esperando, seguido de la expresión: “llevo aquí desde las nueve de la mañana”.

Desesperado por ser atendido, hubo otras personas que decidieron rendirse de tanto esperar, “yo creo que mejor vamos a Similares”, “espero que se me pase el dolor ahorita”, “creo que me estoy enfermando más de estar aquí”, eran las frases que con mayor frecuencia se escuchaban en este lugar.

El agotamiento de cada persona se podía percibir. Cada una comprendía a la perfección que había prioridades que debían ser atendidas, como las personas que llegaban con fracturas o las mujeres embarazadas que presentaban algún sangrado. Sin embargo, la poca cantidad de doctores no se daba abasto para atender todas las urgencias.

Cada persona con diferente expresión: muchas con las caras clavadas en su celular, otras más platicando y otras con la mirada fija en aquel letrero pegado a la puerta del consultorio que prometía que la espera máxima sería de 120 minutos.

Finalmente, cerca de las 19 horas accedí al consultorio, donde amablemente fui atendido por los doctores, quienes me brindaron toda la atención, me revisaron y me comunicaron que sería necesario acudir al área de Rayos X para tomar unas radiografías de mi cuello.

Enseguida me enfrenté a otro obstáculo, y es que en ese momento me dijeron: “ahorita no hay nadie en Rayos X, tiene que venir mañana temprano a sacarse las radiografías”.

En ese momento sólo me recomendaron evitar los movimientos bruscos, ponerme una inyección de Ketorolaco para el dolor y mandarme a casa con unas pastillas de Diclofenaco y Paracetamol (sí, Paracetamol), lo que me hizo recordar los chistes de las redes sociales acerca de que es este medicamento la cura para todo, según el IMSS.

Al pasar a proporcionar mis datos para llenar los papeles del trámite de mi incapacidad, las personas que habíamos convivido durante tantas horas en la sala se espera de urgencias me veían con una expresión de alivio, como diciendo, “¡bravo!, lo lograste, ahora sigo yo”.

Al día siguiente acudí a las 8 horas al área de Rayos X. Me acerqué a la ventanilla a entregar el papel que detallaba el carácter de urgencia de las radiografías de mi cuello; la espera apenas superó una hora.

Pero, otro obstáculo se presentó, pues al pasar a Rayos X, justo después de tomar mis radiografías, el encargado me dijo, “sólo hay un problema, joven, va a tener que decirle a la doctora que lo va a atender, que venga a revisar aquí en la máquina, porque se nos acabó el material”.

Entre el coraje y la frustración tuve que pasar otra hora en la sala de espera del consultorio médico familiar. En una muestra de lo que es la coincidencia, días atrás había agendado una cita para otro problema médico, así que aproveché esa misma cita para que la doctora me revisara el cuello.

Al pasar a consulta, le comenté a la doctora el inconveniente que tenían en la sala de Rayos X, a lo que, con una expresión de “¡no puede ser!”, envió a la practicante que estaba sentada al lado suyo a tomar fotos de mis radiografías con su celular.

El resultado fue menos trágico que mi proceso para ser atendido. Mi diagnóstico fue un “ligero esguince”. Un tratamiento para el dolor y un collarín blanco serían suficientes para ponerme de vuelta en la jugada. Y aquí estoy de vuelta.


Nuestros lectores comentan

  1. Creo que aún no aprendemos a saber que es una urgencia, si las paersonas estaban platicando, conscientes, orientadas y atentas claramente no es urgencia, no se existe un triage que esto califica cuando puedes esperar y si te revisan o no en urgencias, sin encargo nuestro hospital es muy decadente

  2. Pues esque hay de urgencias a urgencias ,yo hace tres años me dió un fuerte dolor en el abdomen y atrás en la espalda era tanto el dolor que yo no podía estar ni acostada ni parada mucho menos sentada , había muchos esperando pero estaban platicando o en su celular yo no podía estar así por qué yo me retorcía del dolor al ver eso la señorita que pide la cartilla me pasó de inmediato y ya estando con el doctor el mando hacerme exámenes de orina de sangre ,rayos x hasta un ultrasonido y hay salió que necesitaba una operación por qué mi riñón estaba mal, si no fuera por ellos yo hubiera muerto , por eso es urgencias por los que necesitan atención médica por la gravedad no por qué uno tenga prisa por que sea atendido hay que entender eso ,que si llega alguien muriéndose y alguien que el dolor es tolerable y no pasa a mayores ovio tienen que atender al de más gravedad .

  3. El servicio se urgencias esta saturado de personas que no tienen un poco de conciencia. Y acaparan el servicio con gripes y diarreas . mientras los mas graves tienen que esperar y en ovaciones . tienden a agravarse mas .

  4. Eso pasa creo en todos los imss de la República, un hijo tuvo que pasar 37 horas en una silla y ya canalizado esperando que lo atendiera, lo atendier9nby lo dieron de alta aunque no podía respirar, traía cianosis, edema generalizado, et c
    Volvió otro día y lo mismo y otro más y para la incapacidad igual otro calvario de varias horas esto despues de pasar por su medico familiar, urgencias de si clinica a urgwncias de especialidades, en una palabta de herodes a Pilatos no se cuántas veces, IMSS CL8NICA 51 Y HOSPITAL DE ALTA ESPECIALIDAD T1 LE9N, GTO

  5. Ps q raro q no se den cuenta dl detestable servicio d esa institucion y el madito gobierno no hace nada,bueno si solo se roba el dinero dl pais

  6. Independientemente de la gravedad, nunca ahí médicos suficientes para atender, y los que están se la pasan, cotorreando, y no atienden al paciente, además de que no tienen los aparatos básicos elementales para atender una emergencia ya en estos tiempos todos, lamentablemente comemos pura comida chatarra y por consiguiente se nos tapan las venas de grasa o colesterol y no tienen ni el doctor ni el equipo para limpiarle las venas y por consiguiente se les mueren los pacientes o si no los mandan a hospital privado y que pagué el que tenga dinero ya que ellos no pagan esa operación a otro hospital que si tenga el dr y los aparatos.