Alberto Chiu
Alberto Chiu

Las posturas de los distintos dirigentes y personajes principales de los partidos políticos y coaliciones que participan en el actual proceso electoral, posteriores a la celebración del primer debate de candidatos a la Presidencia de la República, no pudieron ser más obvias, plagadas de lugares comunes y de evidentes autoelogios. Se recetaron cebollazos por doquier.

Era natural, claro, que ninguno aceptara que su candidato a la primera magistratura del país hubiera tenido siquiera un solo resbalón en el debate, o que quizás alguno –cualquiera– de sus adversarios hubiese presentado con mayor claridad una propuesta en concreto sobro posibles soluciones para el país. Y natural, por supuesto, que aprovecharan para seguir echándole tierra a los demás candidatos que no eran el suyo, como si con esas declaraciones triunfalistas (todas, todas) lograran conseguir más intenciones de voto para sus candidatos.

Sin embargo, para muchos otros que también se dedican a analizar esta clase de actos como el debate, la realidad es que ninguno de los candidatos ganó en estricto sentido el debate (aunque no se trata de una competencia, claro), pues no hubo manera de que presentaran dichas propuestas concretas y más bien se dedicaron prácticamente todos a tratar de exhibir a los demás en sus debilidades e incongruencias (que las tuvieron).

Quizás sí hubo una que otra propuesta o esbozo de plan de acción en uno o dos rubros, pero me parece que si existieron fueron opacados, contundentemente, por la gran nube de polvo que se levantó con las acusaciones de corrupción, impunidad, lavado de dinero, opacidad personal, manipulaciones, influyentismo, nepotismo, ignorancia y demás linduras de las que se acusaron los unos contra los otros.

Sería de suponerse, en todo caso, que el ganador definitivo de este primer debate debiera ser el pueblo de México, quien debería haberse ya enterado la clase de persona, de personalidad, de ideas e ideales que tiene cada uno de los candidatos, y que ese conocimiento coadyuvará a la definición de la muy individual intención de voto el próximo 1 de julio de este año. O bueno, al menos en teoría ese debería ser el objetivo, ¿no?

Faltan todavía otros dos debates donde, se supone, la ciudadanía podrá seguir midiendo fortalezas y debilidades de los candidatos, su preparación ante los temas de mayor relevancia para la nación, su permeabilidad o intolerancia a la crítica, su aceptación y apertura a nuevas ideas y paradigmas que han rebasado a la actual legislación, su indiferencia o empatía para con las causas sociales… en fin, debates para medirlos, para calibrarlos en su justa medida les guste o no a ellos o a los partidos o ciudadanos que los han impulsado.

Hasta ahora, personalmente creo que ninguno ganó el debate. En un formato un tanto novedoso, más ágil, más dinámico que permitió incluso también medir la rapidez y capacidad de reacción ante los cuestionamientos tanto de los moderadores como de sus adversarios, me parece que no les fue bien. Por lo menos, quedó claro que ninguno tiene conciencia plena del tiempo y su transcurrir, ninguno es capaz de sintetizar suficientemente sus respuestas, y todos cayeron irremediablemente en el juego de lo mediático.

De modo que las declaraciones que escuchamos ahora de sus coordinadores de campaña, sus dirigentes de partido y hasta de sus más fieles acólitos ciudadanos, me suenan más bien huecas, enmarcadas simplemente en el estilo particular de cada una de sus campañas, sin ceder un ápice ni a la autocrítica ni al reconocimiento del rival. Vamos, pues, que sólo su candidato tiene la razón y todos los demás son unos idiotas. Que sólo su candidato hizo propuesta y todos los demás fueron acallados a bofetadas de razón. Que sólo su candidato se mostró ecuánime y con altura de miras, y todos los demás resultaron vulgares e insulsos.

Con esas ayudas, creo, la ciudadanía debe darse cuenta de que hay que analizar con mucho más cuidado y detenimiento las plataformas de cada uno, y no dejarse llevar por los “cantos de las sirenas”.

 


Nuestros lectores comentan

  1. José Escobedo Domínguez

    DE ACUERDO TOTAL CONTIGO, ESTIMADO BETO. LO POSITIVO ES QUE EL NUEVO FORMATO PERMITIÓ VER LAS FORTALEZAS Y DEBILIDADES DE LOS CANDIDATOS; Y VALGA DECIR QUE RESALTARON SUS DEBILIDADES. NINGUNO PRESENTÓ UNA PROPUESTA CLARA. LOS ATAQUES Y CALUMNIAS NO SON DEBATE, ARRINCONARSE TAMPOCO. ESO SE DEJA PARA LAS PELEAS DE BOX, Y ÉSTAS DEJAN MAL SABOR TAMBIEN, CUANDO LOS PELEADORES NO DEMUESTRAN SUS REALES CAPACIDADES. NINGUNO FUE VERDADERO Y AUTÉNTICO. OJALÁ QUE AL SIGUIENTE NO NOS SALGAN CON SUS MISMAS PATRAÑAS. QUE RECUERDEN QUE LA MITAD DE LOS ELECTORES LOS VEN POR LOS MEDIOS AUDIOVISUALES.