Alberto Chiu
Alberto Chiu

A partir de ayer, y durante 60 larguísimos días, los de a pie estaremos sometidos –día y noche, noche y día, por la tele, la radio, el internet, panfletos, mítines públicos o reuniones privadas– al bombardeo constante de estos personajes que, con el aval del instituto electoral, buscarán convencernos de que son el ­non plus ultra, la mejor opción, la única, para que nosotros les demos la facultad de gobernar o de legislar, tanto a nivel local como federal.

Ya desde ayer, los candidatos de las campañas locales empezaron a duro y dale con sus mensajes de convencimiento llamando, principalmente, a que los ciudadanos simple y sencillamente nos demos cuenta de que sus contrincantes, sus rivales políticos, son de lo peor o, por decir lo menos, tienen todos los defectos que ellos no tienen. Pero el mismo esquema utilizan todos.

Estamos expuestos a semejante grado de descalificación mutua, que cualquiera que tenga sentido común puede darse cuenta de que esa clase de campaña ni atiende a las propuestas ni propugna por las soluciones. Simplemente, se trata de eliminar a las demás opciones para quedarse solos, aunque no haya total claridad en cuanto a lo que harán una vez que obtengan la presidencia municipal, la curul en el congreso local, o un espacio en el Congreso de la Unión ya sea como diputados o como senadores. De la pelea por la Presidencia de la República, ya ni hablemos, pues el tira-tira entre los candidatos y sus partidos tiene ya muchos días de haber empezado a bombardearnos. ¿Usted ya tomó una decisión?

Porque, a ver, es mucho el dinero que se invierte en las campañas electorales, como para que los ciudadanos dejemos, así como así, que los políticos se lo gasten sin que nosotros pongamos algo de nuestra parte: una visión crítica sobre todos los candidatos, un esfuerzo por analizar concienzudamente sus plataformas, sus metas, sus programas de gobierno o de legislación, sus agendas públicas, y por qué no, sus mismos antecedentes, al menos para conocerlos un poquito más de lo que nos revelan en sus fotos posadas y sus discursos preparados.

Así como se han aprovechado las redes sociales para difundir masivamente toda clase de encuestas –sean patito o verdaderas, inducidas o imparciales–, o para exhibir abiertamente si es que tal o cual candidato se ha enriquecido inexplicablemente, o sus antecedentes, ¿por qué no exigirle también a la autoridad que fabrique una plataforma abierta donde cada candidato publique su programa de trabajo, plan de acción, plataforma de gobierno o agenda legislativa que impulsaría de ganar el puesto por el que compite? Y que fuera obligatoria su presentación pública, para que los ciudadanos tengamos al menos esa opción de informarnos más sobre ellos…

Un espacio donde podamos todos comparar quién propone soluciones o al menos caminos de solución sobre las principales problemáticas que nos aquejan; donde podamos incluso medir qué tanto conocen los candidatos de la realidad a la que se enfrentarán, y si es que saben cómo le harán y si dispondrán de presupuestos suficientes, o si conseguirán recursos para sus intenciones y cómo los conseguirán, y cuánto nos costará a los ciudadanos elegirlos.

Porque eso de elegirlos nomás por su “bonita cara”, o porque “hablan bien”, o porque “son los que nos recomendaron”, o porque “son los que el jefe indicó”, o “los menos peores”, son pretextos para que la vida democrática del país –y el país mismo– se vaya al cuerno, mientras los ciudadanos se sientan plácidamente a ver cómo se desmorona hasta la silla donde están sentados.

De que será una histórica elección, no me queda duda por las condiciones actuales en que se desarrollan estas campañas, por la situación económica que impera, por el nivel de violencia en todas partes, por el enorme grado de corrupción e impunidad a que hemos llegado con gobiernos y legislaturas sin importar el partido. Pero ojalá sea una elección histórica, por el análisis que pongamos nosotros sobre todos ellos.


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