Alberto Chiu
Alberto Chiu

Llegó el día acostumbrado para festejar o celebrar a las mamás de todo mundo, y este 10 de mayo tendrá (o tiene, más bien, desde la medianoche de anoche) un componente adicional: la irremediable ansia de más de dos candidatos a algún puesto de elección popular que, aprovechando la festividad, se cuelgan de la tradición de llevar mañanitas o regalar una flor… pues para hacer campaña, para qué más.

Así como sucede en esta ocasión especial, seguramente también los veremos haciendo lo mismo cuando lleguen respectivamente el día del estudiante o el día del maestro, por ejemplo, y es que las fechas de festividad son tomadas como puntos de aplicación de alguna estrategia proselitista, que más que verdaderamente celebrar a las mamás (o a los estudiantes, o a los maestros, según toque), no son más que la ocasión para seguir soltando a diestra y siniestra las más excelsas promesas –muchas de ellas inasequibles, inalcanzables, infactibles, o plenamente utópicas– a ver si con alguna de ellas logran “enganchar” algún voto para su causa.

No falta el candidato que patrocina serenatas, o camisetas para algún encuentro entre estudiantes, o un espectáculo para maestros, o cualquiera otra actividad proselitista disfrazada de actividad celebrativa para un sector de la población. Cualquier pretexto es bueno para hacerse presente, regalarles gorras, delantales, libretas, plumas, cilindros para el agua, playeras, y un millón de otros artículos promocionales que, en muchos casos, irán a dar a la basura en poco tiempo.

No falta el candidato que en esas mismas fechas, se haga fotografías con mamás para parecer personas “verdaderamente familiares”, o con estudiantes para parecer “comprometidos con la juventud”, o con profesores para simular el “apoyo decidido a la educación en nuestro país”. Y es que todos ellos (o al menos las mamás, los estudiantes y los profes que tengan su credencial de elector) son votos que pueden contar.

Y nuevamente llegamos al mismo dilema de siempre: el riesgo enorme de que la gente se identifique con tal o cual candidato precisamente por haber tenido estos gestos (que sí, efectivamente, pueden pasar por actitudes buena onda o demostraciones de interés), y no por sus proyectos de gobierno o sus proyecciones legislativas. A la hora de aprovechar estas fechas significativas, los candidatos buscan tocar el sentimiento, no la razón del electorado… y a menudo lo consiguen.

A lo largo y ancho del país, afortunadamente, ya ha habido una que otra manifestación de repudio a esa clase de “lambisconería” que pretenden ejercer los candidatos sobre cierto grupo poblacional, y así podemos encontrar por ejemplo algunos casos en que estudiantes “regañen” a un candidato por tratarlos como tontos; o casos de familias de alguna colonia que repudien a un candidato por sentir que sólo vienen a engañarlos con sus falsas promesas. Sí creo que hay chispazos de pensamiento crítico y tengo la esperanza de que se repliquen en cada vez más lugares, en cada vez más hogares, escuelas, empresas, oficinas gubernamentales.

Qué bueno que no se atraviesan más “celebraciones” como las que arriba menciono, de lo contrario tenga la seguridad, amable lector, de que veríamos sendos muestrarios de poses y fantochería con tal de “agradar al público”, como si los candidatos fueran artistas que sólo buscan el aplauso de la audiencia. Preguntémonos con cuántas de esas promesas nos estamos quedando, y cuántas dudas no hemos querido disipar acerca de lo que verdaderamente harán esos candidatos si es que ganan el puesto por el que compiten.

Es triste que el ejercicio de esta parte de la política mexicana (la parte de los procesos electorales) se ha convertido en un circo de muchas pistas, con personajes que reparten regalos a manos llenas, sólo para convertirse luego en un circo del terror por las erróneas decisiones que toman una vez que tienen el poder, o por la ambición desmedida que luego provoca en ellos la deleznable ansia de corromperse para obtener beneficios personales desde el poder que el propio pueblo les confiere. No se vale.


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