CLAUDIO MONTES DE OCA | NTRZACATECAS.COM
CLAUDIO MONTES DE OCA | NTRZACATECAS.COM

La maternidad se presenta de distintas formas y en distintos momentos de la vida de una mujer, en algunos casos se trata de milagros inesperados, en otros de formas distintas a las convencionales, y en otros casos más, se convierte en una aventura o hasta en un sueño hecho realidad.

Maribel y Dorian
Maribel tenía 38 años, pasó 13 años de su vida intentando quedar embarazada y comenzaba a resignarse a no tener su propio hijo. Llegó a pensar en la adopción para cumplir su deseo de ser madre; sin embargo, llegó en el momento menos esperado.

“Fui mamá a una edad en la que yo ya daba por perdida la posibilidad de un embarazo, de tener mi propio bebé. Ya había estado muchos años en tratamientos, con un doctor y con otro, probando hasta con cosas que aconsejan como personas que saben sobar y otras costumbres de la gente de antes.

Yo intenté ayudarme con todo lo que tenía”, narra Maribel mientras el pequeño Dorian juega con su cabello en un sofá de su sala.

Con un brillo en los ojos, Maribel escarba en sus recuerdos y dice: “en ese momento yo pensaba: ‘se hizo lo que se pudo’, y me resigné”.

Era tan poco probable que Maribel quedara embarazada, que, cuando le dieron la noticia un 14 de febrero, quedó impactada y se lo notificó a su ginecólogo, quien de inmediato pensó que probablemente se trataba de un tumor.

“Era tan remota la posibilidad de que yo estuviera embarazada, que el doctor no me felicitó, al contrario, lo escuché preocupado, él pensó que probablemente se trataba de un tumor, pero al revisarme, la gran sorpresa, la gran alegría ¡lo mejor que te pueden dar Dios y el universo! Porque era lo que yo más deseaba. El doctor me dijo: ‘aquí está su tumor, latiendo, latiendo su corazón’, fue el momento más memorable de mi vida”, comentó.

Los sentimientos afloraban a lo largo de la entrevista, Maribel lanzó una mirada al techo y, de repente, una lágrima de felicidad resbala por su mejilla al recordar las palabras del médico: “éste niño es un guerrero, ¡muchas felicidades!”.

“Recuerdo que un 24 de diciembre no quisimos hacer ninguna reunión, estuvimos solos en la casa, y yo le pedí con mucha fe a Dios que me diera un hijo. Yo creo fue tal mi fervor, que yo ya en enero estaba embarazada”, mencionó.

Hoy en día Maribel tiene una vida feliz, vive con su esposo Roberto y su hijo, a quien nombraron Dorian cuyo significado es “Regalo de Dios”.

 

Ana Karen y Braulio
Ser una madre de la nueva generación no es sencillo, y más cuando se maneja tanta información, asegura Ana Karen Andrade, quien es madre desde hace tres años.

“Ser madre millennial es algo complicado, sobre todo porque siempre se contradicen las costumbres tanto de la familia de mi pareja como de mi familia, era un poco complicado. Esta era de mamás con Internet es complicada porque tienes mucha información de la cual prácticamente casi nada te sirve porque no hay un manual para ser madre, es más bien de ir observando y confiando más en el instinto”, expresa mientras prepara todo para la fiesta de su pequeño Braulio.

Hace tres años, justo un 10 de mayo, Karen ingresaba al hospital, pues se acercaba el momento de dar a luz, un momento que, además de memorable, resultó especial, ya que tres días después del Día de la Madre nació el pequeño Braulio “ahora paso cada 10 de mayo haciendo los preparativos de su fiesta”, narra entre bromas.

Karen vive con su esposo en unión libre, y juntos se encargan de darle todo a Braulio para que crezca feliz.

“Nosotros nos hemos cuestionado mucho eso. Yo, en su momento, pertenecía a movimientos feministas y no iba a aceptar que pidieran mi mano y esas cosas, después me pregunté si era necesario casarnos, pero luego de investigar sobre los derechos y al ver que no afecta en nada, decidimos no tener contrato matrimonial. Mi hijo no está bautizado y ha sido complicada esa parte de las ideas que quieren meter nuestras familias al respecto”, añadió mientras continuaba trabajando en los disfraces de pirata que serán la temática de la fiesta de cumpleaños de Braulio.

 

Teresa y sus hijos
Por motivos personales, la mamá entrevistada pidió usar el pseudónimo de Teresa, y accedió a dar una entrevista a NTR Medios de Comunicación.

Corría el año 1979 cuando Teresa se casó con su esposo, todo parecía felicidad, ambos, administradores de empresas, habían estudiado juntos desde la universidad y tenían un buen trabajo.

Comenzaron los dos primeros años de su vida matrimonial disfrutando y viajando en cada oportunidad que tenían; sin embargo pronto entró la presión de sus padres quienes deseaban que “les dieran nietos”.

“Empezamos a intentarlo, pero no podíamos. De momento no nos cuestionamos el porqué. Seguimos intentando y corrió por nuestra mente que alguno de los dos era el del problema. Fue difícil porque al principio no queríamos saber quién de los dos era, yo creo que era el temor de que uno fuera a dejar al otro o no sé”, explicó con un ligero temblor en sus manos.

Permaneció sentada en el sillón, tomó un cigarro de la mesa de centro, lo encendió con tranquilidad y continuó platicando:

“Había algo en mí que no me dejaba tranquila, pensé que sería yo la del problema. En aquél entonces, pues, se nos decía que las mujeres éramos para tener hijos. Me sentí muy nerviosa, no podía ni dormir, tenía que saber”.

Luego de unos meses, la pareja decidió averiguar quién de los dos era quien no podía tener hijos, fue entonces cuando Tere descubrió que no podría procrear.

“Me sentí muy mal. Inmediatamente le dije a mi esposo que, si quería el divorcio, yo lo iba a entender. Casi todos los hombres quieren tener sus propios hijos, y en aquellos tiempos era más así”, mencionó mientras su mirada se clavó en el piso de modo pensativo.

Teresa narró que su esposo deseaba mucho tener un bebé que llevara su sangre, no obstante, el amor de pareja le hizo recordar la promesa “en lo próspero y en lo adverso”.

La maternidad no se hizo esperar, pues al cabo de un año, y luego de un sinfín de trámites, la pareja ya tenía a su primer hijo, a quien adoptaron en Guerrero; mientras que cuatro años después se presentó la oportunidad de adoptar a una pequeña.

“En ningún momento los engañamos, ellos en cuanto empezaron a tener uso de razón les dijimos la verdad para evitar que al crecer la descubrieran y tuvieran algún tipo de resentimiento. Al principio sí tenían algunas complicaciones que con los primitos o cosas así, pero siempre estuvieron para defenderse uno al otro y a nosotros para darles ese cuidado y ese amor que sólo unos padres pueden darles” relató.

Hoy en día, ambos hijos adoptivos, de quienes no reveló su nombre para proteger su identidad, son adultos jóvenes, profesionistas. El mayor de ellos formó su propia familia, mientras la pequeña realiza sus estudios de posgrado y decidió que éste no es el momento de ser madre todavía.


Los comentarios están cerrados.