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CIUDAD DE MÉXICO.- Hace alrededor de siete años, Philip Glass y los músicos wixárikas Daniel Medina de la Rosa y Erasmo Medina Medina caminaron juntos por primera vez por los cerros escarpados de Wirikuta, el territorio sagrado donde nació el Sol.

Durante el camino, recuerda Glass, los Medina, padre e hijo, entonaron los cantos místicos peregrinos que ahora, tras intensas sesiones de trabajo colaborativo, han logrado llevar a la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes.

Este viernes, en el primero de tres conciertos que conmemoran sus 80 años de vida, el compositor estadounidense abrió la velada junto con los maestros wixárikas.

La pieza Hikuri (El cacto sagrado), estrenada ante una treintena de personas en Real de Catorce, San Luis Potosí, llegó al recinto capitalino con Glass al piano, Medina de la Rosa en el raweri (violín wixárika) y la voz, y Medina Medina en la kanari (guitarra wixárika).

“Mi aparición fue en un cerro, allí me encuentro, en el cerro sagrado de Wirikuta”, cantó Medina de la Rosa, recipiente de una tradición mística ancestral que Glass acompañó con las escalas minimalistas al piano que constituyen parte de su legado musical.

“Y soy como me ves, pero a la vez soy el hermano venado”, prosiguió el músico, cuyas canciones con Glass, parte del álbum El Espíritu de la Tierra, ya habían sido presentadas el pasado diciembre en un concierto íntimo en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

De acuerdo con el compositor, cuyo interés por el misticismo musical de las culturas del mundo lo ha acercado tanto a los griots africanos como a la música indígena de Australia, el idilio con México lleva 25 años.

De este interés, de sus visitas casi anuales, provino la Sinfonía núm. 7, Tolteca, interpretada por primera vez en el País.

Tras la interpretación de la pieza Days and Nights in Rocinha, que celebra el tiempo que Glass pasó aprendiendo sobre la samba en la favela Rocinha de Río de Janeiro, la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) estrenó la séptima sinfonía del artista.

En el podio, el estadounidense Michael Riesman demostró la familiaridad con la música de Glass que ha adquirido tras décadas de estrecha colaboración artística.

Comisionada originalmente por la Orquesta Sinfónica Nacional de Estados Unidos y estrenada en 2005, la sinfonía usa la palabra “tolteca” para referirse a “la tradición y las creencias que fueron la matriz cultural y espiritual de Mesoamérica”, según refiere el propio Glass en un texto que Juan Arturo Brennan rescató en el programa de mano.

Dividida en tres movimientos que representan a la sagrada trinidad wixárika, El maíz, El Hikuri (Raíz Sagrada) y El venado azul, la obra se abstiene de la emulación directa de los sonidos indígenas y tradicionales y, en su lugar, presenta con el conocido lenguaje de Glass su visión de la espiritualidad mesoamericana.

El Coro de Madrigalistas de Bellas Artes y Solistas Ensamble del INBA acompañaron a la OSN en el estreno, mientras Glass observaba desde las primeras filas del Palacio.

El homenaje a Glass prosigue este sábado, donde estará acompañado del Cuarteto Latinoamericano, la soprano Olivia Gorra, el pianista James Demster, el actor Diego Luna y los percusionistas Leonardo Heiblum y Jacobo Lieberman.

El domingo, Glass repite su viaje wixárika con el mismo programa.


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