JUAN MANUEL RIVERA JUÁREZ Y ELVA CABRERA MURUATO*
JUAN MANUEL RIVERA JUÁREZ Y ELVA CABRERA MURUATO*

En 1964, Callagan y sus colaboradores aplicaron el principio de Doppler a la investigación de flujo de sangre fetal, lo que permitió su estudio con detalle. Pourcelot, de Francia, en los años 60 contribuyó con sus trabajos sobre el flujo de sangre; él y sus colegas estuvieron implicados en el desarrollo del primer equipo Doppler para la vigilancia del sistema cardiovascular de astronautas en el espacio.

En astronomía, la posibilidad de medir las velocidades de los objetos celestes representa una fuente prodigiosa de información sobre el Universo. Es como si viviéramos en una habitación oscura atiborrada de cacharros y, mientras estamos ahí, hiciéramos un esfuerzo permanente por entender qué son todos los objetos extraños que nos rodean. Un día, de repente, alguien enciende una potente lámpara y todo queda expuesto ante nuestros ojos con una nitidez singular.

En noviembre de 1995, Michel Mayor y Didier Queloz, astrónomos del Observatorio de Ginebra, en Suiza, hicieron un anuncio que dejó a la comunidad astronómica perpleja: mediante el efecto Doppler detectaron, por primera vez, la presencia de un planeta externo a nuestro sistema solar. Este maravilloso descubrimiento fue posible gracias a la tecnología que ellos mismos desarrollaron para medir velocidades minúsculas de las estrellas –unos 50 kilómetros por hora–.

Entendamos que no hablamos de medir la velocidad de un trompetista que va en un tren, ¡estamos midiendo cambios pequeños en la velocidad de una estrella que está a una distancia de 50 años luz de nosotros! La idea es la siguiente: el planeta da vueltas alrededor de la estrella Pegaso 51, así denominada por su localización en la constelación de Pegaso (el caballo con alas). Por su cercanía a la estrella Pegaso 51 y por su gran masa, el planeta hace que la estrella se mueva un poco.

Los astrónomos hoy en día entienden bien los detalles del movimiento de un sistema compuesto por una estrella y un planeta que da vuelta a su alrededor, lo describen diciendo que tanto el planeta como la estrella giran en torno a un punto común que, visto desde la Tierra, aparece como si Pegaso 51 se alejara y se acercara de manera cíclica. En resumen, la presencia de un planeta que orbita la estrella Pegaso 51 fue inferida por el movimiento oscilatorio detectado en la estrella. Y todo esto gracias al efecto Doppler.

Otra aplicación del efecto Doppler en la astronomía, con la cual se erigió uno de los pilares de la astronomía moderna, es observar la expansión del Universo. Las mediciones que realizó Vesto Slipher de las velocidades de las galaxias se basaron precisamente en el estudio del corrimiento de las líneas en los espectros.

Slipher observó que las galaxias lejanas estaban en movimiento y que no se trataba de un movimiento cualquiera: la mayoría de las galaxias observadas por él se están alejando de nosotros. Así como el trompetista en el tren, la luz de una galaxia lejana que se mueve hacia nosotros exhibiría un corrimiento de las líneas de su espectro hacía el lado del espectro donde está el color azul. Por el contrario, si la galaxia se aleja de nosotros, las líneas de su espectro se desplazarían hacia el rojo, suele hacerse referencia a este fenómeno como “desplazamiento rojo”.

El desplazamiento rojo es un concepto muy importante en cosmología, sin él es imposible entender los fundamentos de los modelos cosmológicos científicos. Uno de los puntos de discusión en el debate cosmológico del siglo 20, fue la interpretación del desplazamiento rojo como producto de la expansión del Universo. Algunos astrónomos rechazan vigorosamente la interpretación del desplazamiento rojo que afirma que se debe al movimiento de recesión de las galaxias.

 

jmrivera@fisica.uaz.edu.mx

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