NATALIA PESCADOR | NTRZACATECAS.COM
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MADRID. Son muchos los años que diferencian a Julián López El Juli de Ginés Marín, más de dos décadas los separan.

La apuesta de la revelación de San Isidro en 2017 y de una figura sonaba interesante en el papel, un mano a mano para que Julián demostrara la supremacía y Ginés diera el campanazo, así de simple era la apuesta.

El Juli es un torero de época, y cómo tal se entregó en Madrid, pues cuajó una memorable faena; cerca, muy cerca estuvo de la Puerta Grande, pero la espada lo impidió.

Cortó una oreja de grandeza, aclamada por Madrid, sí, por ese público que en 20 años le ha exigido como a ningún otro torero.

Licenciado, de Alcurrucén, fue un gran toro, acompañando al madrileño en su triunfo por el coso venteño. Ginés Marín, con dos toros complicados, demostró mucho valor y verdad, exponiendo mucho, pero con su tercero, que fue un toro manejable, no se le vio. El ganado, como cada tarde, sin cumplir: mansos y deslucidos.

Brevito, de 543 kilos, de Victoriano del Río, fue el primero de la ganadería de Victoriano del Río para Julián López El Juli, quien toreó por verónicas para rematar con una media. Duelo de quites con Ginés Marín, surgiendo así la rivalidad que debe prevalecer en todos los manos a mano.

Toro deslucido el que tuvo enfrente, correcto en el toque, extrajo muletazos de pundonor y valía, inventándose así la faena. Errático con la espada, se retiró entre palmas.

Licenciado fue el tercero de la tarde. El Juli ante un toro con genio que, en el inicio de la faena, fue explosivo. Las tandas ligadas se repetían por ambos pitones con un mando total. Cambios de mano y toreo en redondo, los tendidos de pie. Había que rematar las dos orejas, pero la espada solamente entró hasta la mitad y tras el certero descabello recibió una oreja.

Ante el segundo de Alcurrucén lo puso todo Ginés Marín. Comenzó por alto y le costaba al astado la segunda mitad del muletazo. Firmeza a pies juntos, pero se acabó pronto y pinchó.

Su segundo rival, de Domingo Hernández, salió reservón y no quería lucha en el caballo. Embestida arisca, levantando la cara con peligro y en una de esas le pegó una tremenda paliza en el suelo, por milagro, sin consecuencias.

Valor y jugándosela el extremeño toda la tarde. Saludó ovación. El que cerró plaza, de Victoriano del Río, tampoco se la puso fácil. Una de las ovaciones de la tarde se la llevó el picador Agustín Navarro. Ya en la muleta le permitió los primeros compases, pero pronto acortó el recorrido y a la defensiva.


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