Alberto Chiu
Alberto Chiu

Tal parece que el destino de varios pueblos de Zacatecas, cuyo desarrollo depende en alguna medida de grandes empresas, está condenado a convertirse más en un infierno que en un motor de crecimiento.

Ayer escribía en estas mismas líneas lo que está pasando en Mazapil, donde la minera Peñasquito, de la canadiense Goldcorp, tomó la decisión de “cerrar la llave” del agua –literalmente– a varias de sus comunidades. Y ahora, le toca a Cañitas de Felipe Pescador sufrir algo similar, con el cierre –aunque sea parcial– de operaciones de Ferromex en ese lugar.

La historia de Cañitas empezó a despegar, justamente, gracias al ferrocarril cuando sólo se llamaba “Empalme Cañitas”. El tren de pasajeros representó fuente de negocios y de economía para muchas personas que ahí ofrecían, a la hora de parada de los trenes que corrían de México a Ciudad Juárez y los que conectaban con Durango, toda clase de alimentos, bebidas, artesanías, etcétera.

Las tripulaciones de esos mismos trenes pernoctaban en Cañitas y no faltaban los ferrocarrileros que, por comodidad, llegaron a rentar pequeñas casas habitación y, al mismo tiempo, contrataban a alguna persona que les lavara la ropa, o les hiciera el aseo de la casa. De sus estancias en el pueblo, derramaban dinero en la compra de alimentos o cualquier otra cosa que necesitaran.

Cuando cesaron las actividades del tren de pasajeros, el golpe para la economía cañitense fue brutal, y ahora que ha llegado el cierre –incluso parcial, insisto– de las operaciones en su estación ferroviaria, me parece que es otro golpe del que no sé cómo se levantarán o cómo lo llegarán a amortiguar, si es que el gobierno del estado cumple sus promesas de apoyo a quienes se queden ahí trabajando, luego de terminar su relación laboral con la empresa Ferromex.

Me parece, sin embargo, que el secretario de Economía del estado Carlos Bárcena Pous o no está suficientemente informado de cómo sobrevive Cañitas en su relación con el tren, o de plano no le ha dado la importancia que reviste. El asegurar que “una estación que tiene de tres a seis personas que pernoctan ahí no alimenta a un pueblo”, me parece una aseveración temeraria, insensible y desproporcionada.

Prometer, como siempre, es lo más fácil. Por ello, me imagino, es que ahora promete que se “acercarán” a quienes sean finalmente liquidados de la empresa ferroviaria, para ofrecerles apoyo en algún proyecto productivo. ¿Y a todas aquellas personas que eran empleadas precisamente –informales, si usted quiere– por los ferrocarrileros, quién las va a apoyar? Es pregunta, y espero alguien responda.

Lo que también me parece que no han visto desde el gobierno, es que en los golpes que ha recibido Cañitas respecto de su relación con el ferrocarril, tanto en la eliminación del de pasajeros como en las reducciones de tránsito ferroviario, es que generalmente se han sucedido varias oleadas de migración. Muchas personas que han ido perdiendo su fuente de empleo relacionada directa o indirectamente con el tren han literalmente huido del pueblo, hacia Aguascalientes, hacia Torreón, a Durango, a Monterrey, y por supuesto, a los Estados Unidos.

Y si a eso le agregamos que Cañitas no está exento de la presencia de la delincuencia organizada, y que ahí mismo se han dado diversos enfrentamientos con la autoridad, ¿qué quedará si se quita una parte de su motor económico? ¿A qué expondrán a su población?

Se requieren respuestas, alternativas de solución, convocatoria para la instalación de empresas, mejores condiciones de seguridad pública, desarrollo de negocios, atención al depauperado campo y su producción agrícola y ganadera por pequeña que sea. Y hasta el momento, la única respuesta del gobierno es que afortunadamente el cierre sólo fue “a la mitad”. ¡Qué éxito!

Ojalá no contribuyan a hacer de Cañitas otro pueblo fantasma, como ya hay muchos en Zacatecas. Ojalá entiendan que dejar morir un pueblo tan relevante como lo era Cañitas, es un fracaso total en su administración y sus promesas.


Nuestros lectores comentan

  1. La gente siempre se a ido de ay y no asido por el tren sino por unos cuantos que cada día que pasa se an ido adueñando del pueblo y a ora esos están llorando que poco aguantan unos con mas de 10 propiedades y mas de 10 ciudadanos sin nada que no sean llorones se quieren adueñar del de por si pueblo pobre

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