ÉDGAR A. G. ENCINA*
ÉDGAR A. G. ENCINA*

El más reciente trabajo periodístico-literario de Joshua Hammer (New York, 1957) lleva por título Los contrabandistas de libros y la epopeya para salvar los manuscritos de Tombuctú (Malpaso, 2017). Se trata de un libro de poco más de 250 páginas, traducido por Mariano López (Buenos Aires), resultado de un proyecto iniciado en 2006 en el Smithsonian Magazine [www.smithsonianmag.com] para conocer las labores de rescate y rehabilitación de manuscritos en Tombuctú. La historia, que recibió apoyo de The New York Review of Books [www.nybooks.com], el Nation Institute [www.nationinstitute.org] y The New York Times [www.nytimes.com], llevó al escritor a recorrer las corrientes del río Niger en medio de una guerra entre Estados Unidos y Francia contra los yihadistas por recuperar los territorios de esa parte del continente africano.

Se trata de una obra que desvela la ilusión dejando golpes de realidad. Por un lado, es la existencia frente al imaginario colectivo. Tombuctú, Mali, Guinea, Niger y Benín, no serán más para ir de aventura con Indiana Jones (Lucas film, Walt Disney Company, 1981-2008), explotar su riqueza natural en busca del Diamante de sangre (Warner Bros, 2006) o vivir el eterno idilio en África mía (Universal Pictures, 1985).

El mapa se ha transformado. Son, a partir de esta lectura, lugares por los que 791 baúles con cien mil invaluables manuscritos viajaron para librar la barbarie de los islamistas radicales que, al pleno del siglo XXI, ordenaban en cada población tomada que deberían entregarles «esos manuscritos para que los quememos».

Por el otro, es la contradicción de ideas preconcebidas. Un aligerado recuento suma «De los caracteres nacionales» (1754) de David Hume (Edimburgo, 1711-1776), las Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y de lo sublime (1764) de Immanuel Kant (Prusia, 1724-1804), las Lecciones sobre la filosofía de la historia Universal (1837) de Friedrich Hegel (Stuttgart, 1770-1831) y La idea de Europa (2005) de George Steiner (París; 1929) como obras que menosprecian el carácter de los africanos. En menor o mayor cantidad, los argumentos de estos pensadores enfatizan la «superioridad blanca» sobre los «negros» faltos de ingenio, artes, ciencias u «otra noble ocupación». Débiles concepciones que aseguraron que en África no existieron sistemas antiguos de escritura ni memoria histórica, que era un continente desposeído de toda civilización y falto de libros capitales.

No más.

Los contrabandistas de libros es una versión distinta frente a los errores culturales de Occidente. Sus formas narrativas conjugan el relato periodístico, la anécdota personal, la emoción policiaca, los entremeses de aventuras, el rastreo filológico y la profunda reflexión ante momentos de crisis. Abdelkader Haidara es el héroe de la historia. Un hombre verdadero que escribió su vida como si fuese una novela formada a través de vericuetos hurtados a los fantasmas. La línea es más o menos sencilla. El personaje, primero, se dedica por décadas a recopilar miles de manuscritos perdidos, guardados y custodiados en cientos de aldeas africanas. Luego, a encontrar el sitio donde establecer la Biblioteca que los guarde, implicando la búsqueda de patrocinios y la lucha contra Estados ignorantes y religiosos fanáticos. Después, a salvar el trabajo de su vida arriesgándose a perderla, alejando los libros de sus posibles verdugos. Todo en medio de líneas que siempre rosan el filo de lo fatal.

Ahora, imagina este fragmento:

«A las siete de la tarde de un día de finales de abril, Haidara… y unos cuantos voluntarios más se reunieron delante de la Biblioteca… y comenzaron la peligrosa tarea de embalar y trasladar los manuscritos. Habían esperado hasta una hora después de anochecer para poder trabajar en el interior de la biblioteca sin atraer la atención de la policía islámica… Tenían exactamente dos horas antes del toque de queda de las nueve de la noche impuesto por Al Qaeda del Magred Islámico. La detención en la calle después de esa hora, como sabían, podía suponer ser interrogado y azotado o encarcelado por la policía…»

 

*Profesor-investigador de la Unidad Académica de Letras, UAZ,

Conductor de la columna universitaria para radio y multimedios «Certezas y Paradojas»


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