CINTHYA MEZA LABASTIDA*
CINTHYA MEZA LABASTIDA*

“La autora también ofrece al lector referentes de la literatura clásica que abordan el paradigma de lo erótico, la idealización del amor y la interacción de los cuerpos, además de una visión dicotómica hombre/mujer sustentada en el amor, en la sexualidad o en el hallazgo de las propias fantasías”

 

Maritza M. Buendía abre la puerta al lector para conocer la historia de Alondra, una niña precoz que descubre su sexualidad por medio del juego. A través de nueve fragmentos, la historia oscila entre exploraciones eróticas y la conciencia del autodescubrimiento. Los breves relatos están unidos por el imaginario de Alondra, desde su niñez hasta la edad adulta. Alondra es una niña que enfrenta la ausencia de sus padres y en su juego descubre el poder de vivir otras experiencias escribiendo cartas a destinatarios desconocidos y llevando un registro de esos pequeños mundos creados por ella y representados por sus muñecas. Historias que cuentan el amor de sus padres a partir de la frágil memoria de los sentidos.

Aquella muñeca-niña que representa el juego inocente de la niñez, se ve sustituida por Barbie, esa muñeca con cuerpo de mujer, libre de ejercer diversos roles, se convierte en la protagonista paralela de Alondra. El descubrimiento de su sexualidad, la exploración y concientización de los sentidos guían la historia y ambientan los escenarios de cada encuentro.

La autora también ofrece al lector referentes de la literatura clásica que abordan el paradigma de lo erótico, la idealización del amor y la interacción de los cuerpos, además de una visión dicotómica hombre/mujer sustentada en el amor, en la sexualidad o en el hallazgo de las propias fantasías.

Las cláusulas y las notas que forman parte de la estructura del libro, funcionan como inteligentes interrupciones al relato. En las cláusulas encontramos las reglas del juego, el contrato de interacción entre Barbie, Ken y Kelly, sujeto siempre a la erudición de la protagonista. En las notas se centran los cuestionamientos a la manera de breviarios sobre una particular visión del erotismo. Y es que lo erótico es la convergencia temática con la obra de Juan García Ponce, la pugna entre opuestos: razón/instinto, sumisión/poder, profesor/alumna. Ecos también de la obra de Inés Arredondo y la peculiar mirada sobre el personaje femenino, quien transita de la niñez a la adolescencia y de ahí a la edad adulta, y se metamorfosea cuando es tocada por el amor/deseo y ejercer su autonomía tanto sexual como intelectual al elaborar su propia concepción de amor y fidelidad que se sale de la norma.

El juego de la perversión y los amantes, la importancia de la mirada, son elementos esenciales en este libro, lazos que establecen su semejanza temática tanto con García Ponce como con Arredondo.

La transformación del deseo en un acto animal, salvaje, trasciende en la protagonista hasta convertirla en Barbie. Atrapada en esa tragedia, el amante aprovecha para mostrarle las posibles versiones de sí misma, una muñeca fragmentada e incompleta, perdida en el juego perverso del placer. Los secretos se guardan así en la más oscura intimidad, en la cueva de los amantes. El desenlace se ofrece en la novena historia, donde ocho pequeñas fábulas llevan al lector al destino último de los personajes.

 

*Profesora en la Universidad Autónoma de Baja California


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