SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“Todo lo que sé sobre la moral y obligaciones de los hombres se lo debo al futbol.”

Albert Camus

 

Hoy rodará el balón en el Estadio Luzhniki de Moscú en el primer juego de la Copa del Mundo. Rusia–Arabia Saudita no es el enfrentamiento más esperado. Parecería que se le dio al equipo anfitrión la posibilidad de obtener una victoria fácil en el juego inaugural debido a que no se espera que llegue muy lejos en el torneo. Pero no hay duda que el Mundial será una de las competencias deportivas más vistas de la historia.

La Copa de Brasil 2014 fue vista en televisión, según la FIFA, por 3 mil 200 millones de personas. Un poco más de mil millones presenciaron, cuando menos, un minuto de la final entre Argentina y Alemania. Fueron 695 millones los que atestiguaron por lo menos 20 minutos de esa final en casa, 12 por ciento más que la final de 2010 en Sudáfrica entre los Países Bajos y España.

El Super Bowl de este 2018, en comparación, tuvo un público de 103 millones sólo en Estados Unidos. En 2015, el juego cumbre del futbol americano alcanzó 160 millones de televidentes en el mundo (Reuters). Éste continúa siendo un deporte fundamentalmente estadounidense.

El negocio de la Copa del Mundo es enorme, tanto que resulta difícil de estimar. En Brasil 2014, la FIFA obtuvo 2 mil 400 millones de dólares en derechos de televisión, mil 600 millones en patrocinios y 527 millones en entradas a los estadios. Pero hay muchos otros negocios alrededor del futbol y de la Copa. Según Tiendeo.mx, nada más los mexicanos consumirán durante el Mundial 4 mil millones de latas de cervezas. ¡Imagine usted las cifras de todo el planeta!

Quizá la Copa sea un buen negocio para la FIFA o para las cerveceras, pero no necesariamente para el país anfitrión. A Brasil, el torneo de 2014 le costó 15 mil millones de dólares, la mayor parte dinero público (Reuters). Muchos de los estadios e instalaciones que se construyeron o renovaron se convirtieron en elefantes blancos, como cuatro años antes en Sudáfrica. Los Mundiales son proyectos que buscan beneficiar a los políticos, pero no a la población. Lula impulsó la Copa de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016 para favorecer su imagen, pero el dispendio fue una de las razones de la crisis económica que heredó su sucesora Dilma Rousseff. Esperemos que la Copa 2026 que organizarán Canadá, Estados Unidos y México sea distinta.

Los deportes se convirtieron en una de las actividades más populares del planeta. Los ingresos de los deportistas de hoy son impresionantes. Un Rafael Nadal o un Lebron James reciben cantidades que los deportistas del pasado no pudieran siquiera soñar. Pero ningún deporte es más popular que el futbol. Quizá por su sencillez, es el deporte por excelencia en la era de la globalización.

Los mexicanos estaremos al pendiente de esta Copa por lo menos en los tres primeros partidos. Las esperanzas de que en el primer partido nuestra selección, la 14ª del mundo, derrote a Alemania, la primera y favorita para ganar el Mundial, son vanas, pero hay posibilidades razonables de salir adelante en los encuentros con Corea del sur y Suecia para calificar a un cuarto partido. Es posible que hasta ahí llegue la aventura. Al final habrá las recriminaciones de siempre, será despedido el director técnico y empezaremos de nuevo.

El balón; sin embargo, rodará con equidad. Por eso aspiramos a la cima. No somos los únicos. Ése es el encanto del futbol y la razón por la cual más de 3 mil millones de personas verán cuando menos un fragmento de un partido. El futbol es esperanza.

 

SIN GUAYABERA

Menudearon los ataques personales y faltaron tanto las propuestas realistas como las guayaberas. La campaña electoral está alcanzando un nadir. Las acusaciones que se intercambian los candidatos no parecen tener sustento. La difamación se abarató y arrastró a todos al fango.

 

Twiiter: @SergioSarmiento


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